LA HIJA DEL PRESIDENTE

viernes, 13 de enero de 2012

CAPITULO XXI.

EXTRAÑÁNDOTE…

 Una polera vino, unos pantalones de mezclillas negros bien ajustados y unas zapatillas de medio tacón, fue lo que atiné a ponerme. Vestidas totalmente sencillas, Alice y yo, salimos al ascensor. Mientras ella no se callaba hablándome de todas las técnicas que debía utilizar para convencer a Edward de que me hiciera el amor, yo tecleaba mi celular. Me lo llevé al oído. Cuando escuché su voz a través del auricular un cosquilleo recorrió mi interior. ¿Esto siempre iba a ser así?. Sonreí, sin darme cuenta de que Alice había callado.

_ Isabella…
_ Hola… -dije con mi sonrisa estúpida, gracias a dios él no podía verme, mi voz salió en un susurro-.
_ ¿Cómo amaneciste, preciosa?... -dijo en un tono tan suave y dulce, que sentí que moriría. Las puertas del ascensor se cerraron con mi amiga y yo dentro. Me recosté de la pared, mientras miraba fijamente mis zapatos-.
_ Bien… ¿estas ocupado en este momento?... -mi voz no dejaba de ser un susurro-.
_ ¿Qué se te ofrece?... -dijo y noté preocupación en su tono de voz-.
_ No es nada, es solo que Alice ha venido temprano y me ha sacado de la cama, para ir de compras…
_ Bien… -dijo él-. Ahora mismo estoy en el área de seguridad. ¿Me dan unos segundos?... las alcanzaré en seguida…
_ Por supuesto… estaremos fuera…
_ No. Espérenme en el recibidor…
_ Ok. Pues te esperamos…
_ Pórtate bien… -dijo y cerró, yo cerré mi celular al mismo tiempo que miré a Alice. Fruncí el seño al ver la maldita sonrisa picarona que había en los labios de mi amiga-.
_ ¿Qué me ves?... -le gruñí-.
_ Mierda, es cierto que estas enamorada… ¡jupi!... -saltó a mí alrededor, ambas fruncimos el seño al ver que el ascensor se detuvo en el segundo piso, las puertas se abrieron para dejarnos ver a un tipo enorme, con el pelo negro, blanco y que me miró fijamente a mí, mientras también entraba al ascensor. Sentí que Alice a mi lado se quedó quietecita, evaluando el tipo, yo al notar que debía ser un oficial no le presté atención y volví a mirar mi celular, Alice no volvió a abrir la boca, hasta que el ascensor paró en el primer piso-.
_ Permiso… -dijo Alice y el seguridad de manera inmediata nos abrió el paso mientras nos regalaba una sonrisa amable, yo le miré de reojo, primer oficial, aparte de Emmet y Edward, que me sonreía, todos eran tan serios y estirados-.
_ Por supuesto… pasen…

Yo, al salir del ascensor, me llamó la atención que el tipo se quedó en él. Lo miré por encima del hombro mientras le preguntaba con duda.
_ ¿No se queda?...
_ Oh, no, señorita, en realidad voy al quinto piso…

Yo me alcé de hombros restándole importancia y cuando me giré hacia el frente, noté que Edward me estaba esperando en la puerta de la casa, tan hermoso. 

Con sus manos en los bolsillos y una hermosa sonrisa en su rostro, a la cual no pude resistir. También le regalé una sonrisa.
                                                 




Yo por inercia caminé hacia él, olvidándome de todo lo demás. Ambos nos mirábamos a los ojos, sus ojos brillaban y me miraban de esa manera que tanto me gustaba. Me paré justo a su frente y lo ví fruncir el seño, aunque su sonrisa ladeada no se borró de sus hermoso y apetecibles labios.

_ Te ves hermosa… -me susurró entre dientes-.
_ Gracias…
_ Hola Edward… -dijo Alice pinchando la burbuja que se había creado entre Edward y yo, y sin darle chance a Edward, de reaccionar, se acercó dándole un beso en la mejilla y un suave abrazo de unos segundos. Edward se sonrió divertido-.
_ Hola, Alice…
_ ¿Llegaste a ver al tipo del ascensor?...

Edward y yo la miramos frunciendo el seño al mismo tiempo. ¿A dónde quería llegar Alice con su pregunta?...

_ Si. Es el Oficial Marcus Pattens… -dijo Edward con duda-. ¿Por qué la pregunta?...
_ No se… nunca lo había visto…
_ Ni siquiera yo que vivo aquí, conozco a todos los Oficiales, Alice… -dije yo al escuchar el absurdo-.
_ No se, pero no me agrada la forma en que te mira, Bella… -noté que Edward se tensó a mi lado y yo fulminé a mi amiga con la mirada, por decir estupideces-.
_ Por dios, Ali, sabes que todos en esta casa me odian… parecieras que estas conociendo mi vida en este momento, mejor andemos… -dije dirigiéndome a la puerta y no mirándola ni a ella, ni a Edward-.

Llegamos a una plaza en la que solo habían tiendas exclusivas, Alice y yo la frecuentábamos muchísimo. Me sentía distinta, no solo porque tenia a Edward a mi lado, si no, porque también, el hecho de que no me sintiera amenazada por los paparazzi, me daba una tranquilidad increíble. Gracias a dios, no había tenido nuevas experiencias de sustos. Tal vez, se debía a la presencia constante de Edward a mi lado, y a que no estaba frecuentando los sitios que siempre solía visitar.
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Fue una mañana algo ajetreada. Alice y yo, salíamos y entrábamos de las tiendas. Edward a nuestras espaldas, se comportaba como todo un guardaespaldas, y eso en parte me molestaba, lo quería a mi lado, diciéndome que le gustaba y que no. Pero en ningún momento se mezcló con nosotras. Dejándole el espacio suficiente a Alice, a que se mantuviera todo el tiempo preguntándome cosas de ambos. Ya me había hecho contarle todo, claro, no le di lujos y detalles, pero al menos sabia que Edward no era tan serio como se estaba comportando en ese momento. Almorzamos comida rápida, en una de esas plazas, a Edward al parecer le gustaba eso, y me hizo acordar la vez aquella, cuando me llevó a comer Magdonalds, dejándome saber que no solo me llevó para molestarme, si no también porque en verdad le gustaba ese tipo de comida. Comprobé que a mí también me gustaba. Luego de guardar las bolsas en el auto, Alice hizo que volviésemos a caminar a la plaza. Ella no paraba de hablar. Yo miré de reojo a Edward y pude notar que en varias ocasiones su teléfono timbrara, y él no tomaba la llamada. Cuando nos paramos en la puerta de la tienda de victoria secret, a mí y a Alice se nos dibujó una tremenda sonrisa en los labios.

_ ¿Piensan entrar aquí?... -dijo Edward entre dientes y Alice y yo giramos a mirarlo, su rostro era mas que un poema-. 
_ ¿No se supone que ustedes dos, son una niñas para entrar a estos lugares?...
Entonces quien puso cara de poema, fue Alice.
_ ¿Qué mierda es que estas diciendo, Edward?... ¿acaso lo que tienes de grandote lo tienes de estúpido?... -yo abrí los ojos como platos, es que conocía perfectamente a mi amiga y esta se había parado frente a Edward y sus intenciones eran evidentes, si Edward decía algo más, lo golpearía-.
_ ¡Alissss!... -dije con fastidio, mientras la tomaba del brazo y le di un jalón alejándola de Edward-. Déjalo ya… tranquilo Edward… -le miré y este me estaba mirando fijamente-. Alice y yo, llevamos años visitando estas tiendas…
_ Sip… -dijo Alice, quien estaba detrás de mí, vi que Edward la miró por encima de mi hombro-. Nunca ha sido un problema para Bella y para mí, el tener que preocuparnos por si andamos o no, con la lencería adecuada… en el momento adecuado, siempre estamos preparada… además…
_ ¡Aliceeee Brandonnnn!... -le grité yo, girándome para callarla con la mirada, ella me miró asustada-.
_ Es cierto, amiga… debería de entender que nunca tendríamos problemas, con la depilación y con la lence…
_ ¡Aliceeee!... -volví a gritar furiosa-.
_ Ya, ya, ya… -dijo alzando los brazos en son de paz-. Me cayo… pero entremos… muero por ver que nos llevaremos…

Ella se dio la media vuelta, y entró a la tienda, yo me giré para mirar a Edward, mierda, sabia que tenia que estar roja de la vergüenza. Hasta la mano me la pasé por el pelo.

_ Disculpa a Alice… es obsesiva con todo esto…

Edward me sonrió y noté que estaba algo tenso y nervioso. Era increíble ver esa actitud en él. Siempre se comportaba tan seguro de si mismo.
_ Deberías entrar, Bella y comprar lo que vayas a comprar, para que nos vayamos…

Yo miré mis pies, mientras lentamente di los pasos suficientes para acercarme a él.
_ ¿NO te gusta la idea de que compre lencerías?... -susurré mientras lo miraba entre mis pestañas, ya que tuve que subir un poco el rostro para mirarlo-. De Hacerlo sería para mostrártelas a ti...

Lo ví cerrar lentamente los ojos, tragando notoriamente saliva y luego lentamente abrir los ojos para mirarme. Ambos nos mirábamos fijamente a los ojos.

_ Isabella… -susurró, en ese momento ambos olvidamos que estábamos en la puerta de una de las tiendas mas exclusivas de victoria secret y que nos podían ver, La voz de Edward salió ronca-. Ya sabes de lo que soy capaz, así que… no pongas a prueba mi autocontrol… -yo tomé aire por la nariz y lo voté por la boca, sentí humedad entre mis piernas, ¡estaba enferma!, me estaba calentando con el solo hecho de escuchar su tono de voz, y ver en la forma tan penetrante que me estaba mirando. No me había dado cuenta de que estaba mordiendo fuertemente mi labio inferior, hasta que ví que llevó su dedo pulgar y rozó mi labio hasta que sutilmente lo liberó de mis dientes, su mirada estaba fijamente en mis labios, y yo moría porque los besaras, también bajé mi mirada a sus labios-.

En ese momento sentí que alguien me tomó del brazo. Y me jaló fuertemente.
_ Mierda, te dije que entraras de una vez… -dijo Alice apartándome bruscamente de Edward, entramos a la tienda, en donde yo, de manera furiosa, me zafé de su agarre, juro que era la primera vez que me enfadaba en serio con mi amiga-.
_ ¿Qué Mierda?... -le dije y quería pegarle, ella me miró horrorizada-.
_ ¿Se iban a besar en medio del pasillo de una plaza pública?... ¿acaso estas loca, Bella?... -ella me miraba asombrada-.
_ No. Te. Metas. En. Lo. Que. No. Te. Importa… -dije tratando de controlarme-.
_ ¿Edward y tú con que rayos están pensando?... recuerda quien eres… y quien es él… tal vez no te importa un nuevo enfrentamiento con tus padres, pero él está arriesgando mucho, Bella… -la miré y noté que había preocupación en su mirada, ella se acercó a mí-Dios, solo quiero que sepas manejar esto, estoy de acuerdo con que estés con él, se les nota que están súper enganchados, pero con cuidado amiga… al menos espera al domingo, serás mayor de edad, y Edward no estará violando la ley… sus problemas serán otros, al menos no legales…
_ Llevas razón… -reconocí dejándome caer en uno de los mueble que habían allí, me llevé ambas manos a la cara para dejar pasar mi frustración, me mataba la idea de que Edward se viera involucrado en problemas solo por mi culpa, Alice me dio espacio, la escuché decirle a alguien, que nos diera un chanse, ella se sentó a mi lado y me habló algo entusiasmada-.
_ Amiga… y que has pensado para tu cumpleaños… debemos hacer algo…

La miré.
_ Gracias a dios, al parecer mis padres no se acordaron… odié como a nada mi cumpleaños del año pasado…
_ No hables tonterías, Bella, ningún padre olvidaría el cumpleaños de su única hija…
_ Pues, unos padres normales, no los míos… si Reneé se hubiera acordado de el, ya tuviera planificado el circo que armó el año pasado, la verdad no estoy de humor para eso… me gustaría salir un rato, pero solo para compartir contigo, con Edward, y con las personas que en realidad si le importo, no todas esas personas que Renee invita, que en mi vida ni siquiera los he visto…
_ Descuida, este cumpleaños no será igual, te lo prometo, la mayoría de edad, debe celebrarle, a lo grande, como yo lo hice…
_ ¿Cómo lo hiciste tú?...
_ Echando un maldito polvo…

Ambas explotamos a reír…
_ Déjamelo a mí, yo me encargo de todo… esa noche amanecerás en mi casa… te cubriré para que te veas con Edward y te ayudaré para que pases la mejor noche de tu vida…


Yo solo me sonreí, al imaginarme pasando una noche con Edward.
_ Pues, cuento contigo… -le dije sonriéndome pícaramente-.
_ Entonces a comprar lencerías… y recuerda, antes del domingo nos merecemos un buen día de spa, masajes y depilación-.
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Compramos lencerías que eran para sustituir todas las que teníamos, eran muchas. De distintas formas, pero todas eran sexys. Cuando salimos de allí, íbamos full de bolsas. Edward sin decir nada nos ayudó y cuando llegamos al auto, Alice dijo que se le había quedado algo y se devolvió, yo no la acompañé, porque la verdad estaba muerta. Eran las 5 de la tarde. Edward se quedó conmigo y ambos estuvimos hablando de cosas sin importancia hasta que vimos regresar de nuevo a Alice con una tremenda sonrisa, la conocía y sabía que se traía algo entre manos, aparte de la pequeña bolsa que cargaba en una de sus manos.
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Edward y yo, llegamos a la Casa Blanca, luego de dejar a Alice en la suya. Mis ojos se abrieron como plato, al ver en la entrada principal de la casa las caravanas de autos, haciéndome saber, que mis padres habían regresado de Londres.

_ Mierda… -dijo Edward entre dientes y yo le miré asombrada-.
_ ¿Sabias que adelantarían su viaje?... o es que no nos dimos cuenta que los días estaban pasando… -afirmé lo último, la verdad sentía que estos días habían pasado volando-.
_ Emmet me ha estado llamando desde ayer y no le he contestado…
_ Edward… -yo jadee con dolor, mientras lo miraba, él me miró aterrado, ya estábamos aparcados detrás del ultimo auto de la caravana-. Júrame que con la llegada de mis padres, las cosas no van a cambiar entre nosotros…
_ Shhhh… tranquila… por supuesto que no va a cambiar nada, princesa…

Otra idea llegó a mi mente.
_ Estoy muerta… -puse cara de preocupación-. No debía salir de la casa, estaba castigada…
_ ¿No es esa la señora Cope?... -dijo Edward con duda-.

Y yo vi a nana, corriendo hacia nuestro auto, su cara era de horror, Edward y yo al mismo tiempo nos soltamos el cinturón y nos lanzamos del auto, nana llegó a mí, la pobre como llevaba unas libritas de más, estaba toda sofocada, tomó aire para hablarme.

_ Isabella, corre… he mandado a entretener a tus padres, no saben que estas fuera de casa, sube a tu habitación de inmediato y ponte ropa apropiada, anda!!!... -yo salí corriendo hacia una de las puertas que daba a la cocina, mis nervios estaban a mil-.
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Edward Pov.

Yo seguía en shock, hasta que escuché la voz amenazante de la señora Cope.
_ Y tú… a ver que le dices a tu hermano… está furiosísimo contigo… por no tomarles las llamadas…
_ ¿Llevan mucho rato en la casa Blanca?...
_ Gracias a dios, solo 20 minutos…
_ Gracias por cubrir a Bella…

La señora me miró de reojo.
_ Sube al despacho presidencial, Edward… y por favor… tú y mi niña compórtense… no imagino lo que se va a armar cuando la bomba explote…
_ Tranquila… -le dije a la señora mientras que me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla, sin duda alguna esa señora se había ganado un espacio grande en mi corazón, amaba a Bella y por ende yo la adoraba-. Iré a ver que tal el ambiente…

Y me fui dejando a la vieja algo achocada por mi beso.     
Subí el ascensor y al llegar al piso en donde se encontraba el despacho, me encontré con Jasper y Emmet en la puerta, afuera, ellos tranquilamente hablaban entre ellos, cuando me vieron salir del ascensor, Jasper me sonrió, mientras que Emmet me fulminó con la mirada. Yo me acerqué a ellos con una sonrisa.

_ Ey, ¿Qué tal les fue?...
_ No seas imbécil, Edward y dime porque mierdas no me tomabas las llamadas…

Emmet estaba evidentemente furioso.
_ No vi tus llamadas… -le dije con naturalidad, mientras Jasper y yo nos chocábamos las manos y nos dimos un semi abrazo, saludándonos-.
_ Estas mintiendo… estas en rojo conmigo… -dijo Emmet, yo lo miré, si que estaba furioso, pero en cuanto escuchó esa voz llamarlo de lejos, su seño fruncido desapareció y miró por encima de mis hombros, dejando salir una sonrisa increíble-.
_ ¡¡Emmet!!... -gritó Bella tras mi espalda-.

Yo me giré para ver a mi bella correr a toda prisa hacia nosotros, era increíble la felicidad que reflejaba su rostro, ella pasó por mi lado y dio un saltito, haciendo que su cuerpo chocara con el de mi hermano, y que él la abrazara tan fuerte que yo fruncí el ceño, Emmet le dio vueltas en el aire, mientras reía como un maldito estúpido.

_ Mi niña, que alegría volver a verte… -Bella seguía aferrada fuertemente a sus brazos, y no entiendo que me pasó, ya que cuando vine a analizar mis palabras, ya habían sido tiradas con una evidente amenaza en mi tono de voz-.
_ Suéltala, ya, ¿quieres?...

Emmet borrando la sonrisa de su rostro, se tensó y lo vi depositar suavemente a Bella en el piso, ella me miró con algo de duda en su rostro, mientras que la sonrisa de Jasper era otro punto. 

Bufé ante mi maldita estupidez y me fijé en Bella, quien terminó por sonreírme con un brillo especial en sus ojos. Miré a Emmet, quien me retiró la mirada de mala manera y volvió a mirar a Bella, para sonreírle tiernamente. Mientras le hablaba, yo miré a Jasper y el maldito me miraba con una nota de burla en los ojos.

_ ¿Cómo has estado, pequeña?... -le dijo Emmet a Bella-.
_ Muy bien… -dijo ella sonriéndole a él, y yo metí mis manos en los bolsillo, para que no se dieran cuenta de que mis manos estaban convertidas en puños, era algo que no podía controlar, sabía de ante mano lo especial que era la amistad entre Emmet y Bella, pero nunca imaginé que llegara a sentir celos de mi propio hermano. La Verdad es que no quería a nadie cerca de ella, el solo hecho de verla sonreírle, mirarle y abrazarle de esa manera a otra persona que no fuera yo, me enfermaba-. Me dejaste en buenas manos… -dijo y ese comentario hizo que la mirada de Emmet se fuera nuevamente a mí, o claro, eran solo para mi, esas miradas de recriminación, reproche y enfado, pero cuando volvía  a mirar a Bella, era como si olvidara su malestar conmigo, estúpido Emmet de la mierda, si es cierto que mi relación con Rosalie era estrecha y que me encantaba fastidiarlo, cuando estaba cerca de ellos, pero yo le iba a ser entender que conmigo no podía jugar de esa manera, porque a diferencia de él, yo no lo iba a tolerar, gracias a dios él le habló a Bella mientras le acariciaba la mejilla con sus dedos, yo juro que me contuve para no apartarle su mano de el rostro de ella, con un manotazo-.
_ ¿Por qué no entras?... tus padres quieren verte…

Bella rodó los ojos y le sonrió mientras se apartó de él un poco. Yo no dejé de mirarla ni en un solo momento.
_ “Quieren verme”… -repitió ella con ironía-. Tú y tus ocurrencias… iré a verlos…

Dijo ella mirándome a mí, directamente a los ojos, me sonrió y miró a Jasper.
_ Whitlock… -ese fue su saludo-.
_ Señorita… -la voz de Jasper se escuchaba con respeto, pero igual con un poco de desden, ella sin darle importancia, giró el pomo y entró al despacho principal-.

Cuando la perdí de vista, miré a mi hermano, sacando mis manos de los bolsillos de los pantalones, y poniendo recto mi tórax, en posición firme, de oficial.
_ ¿Por qué no me tomaste las llamadas?... -dijo Emmet y noté que aunque seguía molesto, había bajado un poquitito la guardia conmigo-.
_ Déjalo en paz, imagino que esa chiquilla a debido dejarlo sin fuerzas estos días… -dijo Jasper con voz seria, pero cuando le miré, noté una sonrisa ladeada llena de malicia en sus labios, yo fruncí el ceño, y noté que cuando Emmet giró a mirarlo, Jasper cambio su semblante a serio, al parecer solo yo, me llevé el doble sentidos de sus palabras, porque Emmet volvió a mirarme, y hasta frunció el seño en señal de preocupación-.
_ ¿Te ha dado muchos tormentos?... -dijo Emmet con duda y preocupación, yo volví a mirar a Jasper, quien con una sonrisita maliciosa, me guiñó un ojo, yo no podía creer la maldita actitud de Jasper, al parecer Emmet notó mi expresión y volvió a girar para mirar a Jasper, quien antes de que Emmet volviera a mirarlo, cambió su rostro a serio, a aquel que siempre tenía de desagrado y fastidio, cuando se hablaba de Bella, Emmet me volvió a mirar-. ¿Edward?... -yo volví a mirarlo-.
_ No. Bella se comportó, ya te dije sobre el viaje de Maryland. Luego, nada fuera de lugar a ocurrido… -maldita sea, ¿Por qué mis ojos se fijaron nuevamente en Jasper?, quien me miraba con una sonrisa, mientras batía sus cejas de arriba a abajo, repetidamente, yo lo fulminé con la mirada y Emmet perdió la maldita paciencia-.
_ ¿Qué mierda con ustedes dos?... ¿acaso se están comunicando por señales a mis espaldas?...
Jasper se echó a reír y yo tampoco pude contener la risa.
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Bella Pov.

Cuando giré el pomo y entré al despacho, en donde sabía que encontraría a mis padres, observé, papá estaba tras su escritorio, hablando por teléfono, mamá estaba sentada en una de las esquinas del escritorio, con las piernas cruzadas, mientras observaba muy concentrada una revista de moda. Al cerrar la puerta detrás de mí, ambos, levantaron la vista hacia mí. Papá me sonrió con ternura, mientras mamá también sonriéndose, se tiró del escritorio, dejó la revista sobre él y apresuradamente se acercó a mí con una sonrisa, sorprendiéndome con un abrazo.

_ Isabella, dios…

Yo aunque en shock, respondí al abrazo algo tensa, mamá me separó de su cuerpo y me observó detenidamente, aunque no estaba vestida tanto a su gusto, ya que llevaba unos simples pantalones de mezclillas y una polera, ella me sonrió agradada. De seguro, algo malo iba a pasar.

_ De imaginar que me haría tanta falta verte, no te hubiera castigado… estoy tan feliz de que no haya recibido quejas de ti en estos cinco días… estoy impresionada, corazón… -yo mientras escuchaba eso, pensaba lo linda que era nana-.
_ Isabella… -dijo papá acercándose a nosotras, él se acercó a mí y me dio un abrazo afectuoso, yo se lo correspondí y luego lo miré-.
_ ¿Cómo les fue?... ¿Y los abuelos?...
_ Están muy bien… -dijo papá con una sonrisa burlona, mientras miró de reojo a mama-. Aunque no le hablaron a tu madre por tres días, creo que no le perdonaran que no te hayamos llevado con nosotros…
_ Vaaa… -bufó mamá mientras se alejaba de nosotros, rumbo de nuevo al escritorio-.

Charlie me miró detenidamente a los ojos, como buscando algo en ellos.

_ ¿Y entonces?... -dijo y yo fruncí el seño ante su mirada tan evaluativa-. ¿“cero” quejas… “cero” acusaciones… “cero” reproches de tu parte…?

Y allí comprendí la duda de mi padre. Mi actitud no era la misma, y allí, yo también lo comprendí, en otro momento, estuviera con una mala cara, molesta, malcriada, rebelde, pero no… yo estaba allí sin siquiera mirarlos de mala manera, por haberme abandonado esos cinco días, encerrada en esas paredes, a las que él sabía que odia con tanta fuerza-.
Solo me alcé de hombros, sin saber que contestar. ¿Qué le diría?... ¿Qué esos cinco días eran los mejores de toda mi vida?. Por supuesto que NO.

_ Estoy bien, papá…
_ ¿Estas bien?... -dijo frunciendo el seño-. No lo creo… acabas de llamarme “papá”…

Yo me sonreí ante la cara de poema de Charlie. Aunque sentía dudas, noté que una sonrisa amenazaba por salir de sus labios.

_ Eres mi papá… -a Charlie le brillaron los ojos de una manera especial, recordaba esa mirada en él, y era la que me daba cuando apenas era una niña dulce y nosotros no imaginamos que él llegaría a ser el Presidente de los Estados Unidos-.
_ Lo soy, solo es que…
_ Ya, ya, ya… -dijo mamá rompiendo el momento agradable entre Charlie y yo, ella se acercó a nosotros, y me tomó de la mano, llevándome a uno de los sofás y sentándome en ellos, ella se sentó a mi lado-.

_ A ver… -dijo extendiéndome la revista, a la que miré con duda, era evidente que era de moda-. Elige el que mas te guste…

Yo la tomé, y lentamente la hojeé mientras solo veía trajes muy finos y elegantes.
_ ¿Qué es esto, mamá?... -dije con duda-.

Mala pregunta, me dije mentalmente cuando escuché la respuesta.
_ Dios, Isabella, parecieras en las nubes… -dijo mamá algo exasperada-. Tu cumpleaños es en dos días… lo había olvidado, pero gracias a dios, la señora que contraté el año pasado para los preparativos de tu cumpleaños, me ha llamado, para preguntarme, si ella volvería a encargarse… -mientras mamá hablaba de lo mas calmada y natural, yo lentamente me fui poniendo de pies tan lentamente que creo que ella no se percató de que me apartaba de ella-. Le dije, que sí, no tendré que estresarme con nada, solo debo llevarte al modista esta tarde, para que te haga un vestido exclusivo, que sea despampanante… te verás como toda una señorita, digna de ser la hija del Presidente de Estados Unidos…

Cuando ella vino a terminar su oración, yo ya estaba parada, mas pálida que un papel, con la mano en el pecho, ya que estaba sintiendo que este, se me estaba comprimiendo, dificultándome con ello, la respiración de mala manera.

_ ¿Isabella?... -escuché la voz preocupada de mi padre, él no estaba cerca de mí-. ¿Estas bien?...

Reneé me miró y al ver mi cara, se paró de golpe del sofá.
_ ¡Por dios, no vayas a decirme ahora que no quieres una fiesta!... -dijo Reneé horrorizada-.
_ ¡Por supuesto que no quiero fiesta, mamá, al menos, NO, con esa gente tan patética!...
_ ¡Calla, no sabes lo que dices!... -gritó mamá molesta-. ¡Esa gente a la que le dices patética son Secretarios de Estados, Cónsules, Ministros, Senadores, Diputados, son Miembros del Gabinete, etc, etc. Son personas sumamente importantes la que van a asistir a tu fiesta!...
_ ¡¡¡Pues, NO, NO y NO!!!... -sabía que era un berrinche-. ¡No quiero a toda esa gente acá, no es justo mamá, si pensabas hacerme una fiesta debe ser con personas que yo elija, no con esas personas que ni siquiera conozco o si quiera me conocen a mí!...
_ ¡Deja, los berrinches, de niña malcriada, que no te estoy preguntando!... -dijo mamá molesta-. ¡Anda a cambiarte, que la modista nos está esperando!...

Dos lagrimas cayeron a mis mejillas, al saberme perdida… iba a ser igual que el año pasado. La peor noche de mi vida, mi cumpleaños fue a parar siendo una reunión de ministros y viceministros de papá. Recuerdo que esa noche lloré como nunca. Recordé las palabras de Alice, y se sintieron como un puñal que estaba siendo traspasado en mi pecho muy lentamente. “Descuida, este cumpleaños no será igual, te lo prometo, la mayoría de edad, debe celebrarle, a lo grande, como yo lo hice…

Miré a mi padre, esperando ver un abismo de esperanza en él, y cuando nuestros ojos se toparon, él me sonrió.
_ No estés triste, mi niña, Jacob estará acá…

Tragué en seco.
_ ¿Al menos podría invitar a Alice?...
_ ¡No!... -gritó mi madre molesta-. No quiero a esa muchachita aquí, la verdad, sabes lo problemática y necia que es, no perdonaría que arruinaran la celebración… anda, Isabella, ve cámbiate, que la modista debe estar esperándonos…

Yo salí corriendo hacia el ascensor que daba en el despacho de mi padre, las lágrimas ya corrían fuertemente por mis mejillas, sabia que allí nadie me vería. “Edward”… mientras corría hacia mi habitación, solo pensaba en él. Llegué a ella, entré, cerré la puerta y llorando me tiré en la cama a boca abajo.

Lloraba.
Lloraba.
Lloraba.      

Tal vez, el celebrar mi cumpleaños, debía significar para mí, un día común y corriente, si lo podía ver de esa manera, sabía que no me iba a sentir tan mal. Pero la verdad, es que me había hecho ilusiones de pasarlo con las personas que en verdad si me importaban. Me calmé al cabo de unos veinte minutos, volví a formar el caparazón que me hacia, para que las cosas no me afectaran, traté de cubrir con maquillaje mis ojos rojos e hinchados, me vestí al gusto de mi madre, y cuando ella mandó por mí, bajé sin resistirme. Cuando llegué al auto, noté que los Oficiales que nos acompañarían eran Jasper y Edward. Noté que Edward me miró fijamente cuando me vio salir de la casa, yo solo atiné a evadir su mirada, para que no comprobara que había estado llorando. Llegamos al súper lugar exclusivo de mi madre, en donde sin poner oposición, dejé que me tomaran las medidas, ni siquiera terminé de elegir el vestido. Igual ya no me importaba nada. Cuando salí, noté que Edward tomó el guía del auto, para tener facilidad de mirarme a través del retrovisor del auto, mi madre iba tan pendiente de su revista de zapatos, que ni siquiera se percató que Edward y yo nos mirábamos muy frecuentemente por el retrovisor. Cuando llegué a la casa, sin esperar a que me abrieran siquiera la puerta, entre subiendo las escaleras del porche y me dirigí al ascensor. Necesitaba llegar a mi habitación. Me iba a encerrar allí hasta que llegara el domingo. No sabía que horas eran, pero escuché mi celular sonar en la mesita de noche. Lo tomé y me lo llevé al oído.

_ ¿Si?...
_ ¿Por qué has estado llorando?... -dijo la voz contenida de Edward del otro lado. Al escucharlo fue como si mi corazón se relajara fuertemente-.
_ Edward… -susurré-.
_ Isabella, necesito verte… estar contigo… quiero saber que te pasa, poder estar contigo…

Las lágrimas corrieron por mis mejillas, al escuchar sus palabras.
_ Yo también necesito estar contigo… me siento tan triste…
_ Lo se, princesa… -dijo en un susurro-. ¿Por qué has estado llorando?... ¿Por qué no has salido de tu habitación?... sabes que con todas estas malditas cámaras que hay en esta casa, se me hace casi imposible estar contigo…
_ Lo siento… es solo que no he estado de animo para salir…
_ ¿Qué te pasa?... ¿puedo ayudarte en algo?...
_ Ya lo estas haciendo, te lo juro…
_ ¿Qué pasó?... -él insistió-.
_ Ya ves, la fiesta enorme que me tenían preparado mis padres… -dije mientras tragaba el nudo de mi garganta-. Cuando yo solo quería algo sencillo, con Alice, Emmet, Jake, Nana… contigo… con las personas que en realidad si me importan…

Ambos hicimos silencio por un buen rato.
_ No hay opción… es mi vida, y solo me queda acostumbrarme a ella…

Edward comenzó hablarme y sin darme cuenta, olvidamos el tema de mi cumpleaños. Al contrario, terminé riéndome con sus ocurrencias, y cuando eran las cuatro de la mañana dejamos de hablar. Dios, el hablar con Edward me hizo bastante bien.

Ese sábado me desperté como a las Once de la mañana. Fui levantada nuevamente por Alice, quien me dijo que Edward le había dicho que estaba algo deprimida, por lo que mi amiga insistió en que, saliéramos de la casa y nos divirtiéramos. Dios, lo que no esperaba era que Edward no nos iba a acompañar, ya que para desgracia, mía, de Alice y Jasper, Emmet asignó a Jasper a acompañarnos. Ni siquiera pude ver a Edward esa mañana. Mi día no pudo ser peor.  Alice no paraba de tirarle indirectas a Jasper, y ambos no dejaban de fulminarse con la mirada, y yo allí, dejando que la tristeza me embargara. Alice y yo volvimos de compras, y luego de los ruegos de Alice, quien me dijo tener una cita esa noche, recalcándolo mil veces, no me dio otra opción que ir al “spa” con ella.

Íbamos en el auto, ambas sentadas en el asiento de atrás, Jasper, iba conduciendo.
_ Vamos al Spa, amiga… -me rogaba Alice a mi lado, yo iba recostada toda desganada, mirando el capó del auto-. Please, please, please…
_ Alice, es tarde… -dije con tristeza-. Solo quiero llegar a casa…
_ Amiga, había apartado la cita, no podemos dejarla perder… era mi regalo de cumpleaños…
_ No estoy de ánimo, Ali, podemos ir en otro momento…
_ ¡Nooooo!... -dijo furiosa- Además también era un regalo para James, nos vamos a ver esta noche, y quería estar preparada…

Yo abriendo los ojos como platos, giré mi rostro, para mirar a mi tan indiscreta amiga, ella me miró con algo de vergüenza.
_ Ali… ¿James?... -recordé el chico guapo y simpático, que me presentó aquella noche Alice, ella me miró con una sonrisa en los labios, yo me sonreí con picardía-. Waooow, no sabia que estabas en esos planes con él… -le susurré para que Jasper no escuchara nuestra conversación-.

Ella también bajó un poco la voz. Pero era evidente que Jasper nos seguía escuchando.

_ La verdad es que no lo estaba, pero es que el tipo tiene una maldita fama… -dijo y ambas nos reímos divertidas-. Dicen las chicas que tiene buena maquinaria… -Jaajajajajja yo exploté a reír, Alice era increíble-. Y no solo se queda en la maquinaria, Bells, si no que tiene la potencia suficiente para tirar mas de tres en menos de 30 minutos… -yo me tapé la boca con ambas manos, sorprendida no solo por lo que decía Alice, si no también por su forma de hablar, Alice no era así, ella era discreta, no vergonzosa, pero igual esa no era su forma de expresarse, ni siquiera conmigo, que era su mejor amiga, ella continuó sin tapujos-. Tengo que probar esa maquinaria, sin duda, la verdad llevo malos recuerdos incrustados en mi memoria… necesito hacer el amor con un hombre que SI sea de verdad, un hombre… y que me haga borrar deslices que de solo recordarlos me doy asco de mi misma… -ella puso cara de asco al decirlo-.

Entendí a donde iba la cosa, cuando en ese momento, la voz de Alice fue absorbida por una música demasiado fuerte que retumbó dentro del vehiculo, ambas nos espantamos y miramos de golpe a Jasper, quien conducía a una, muy gran velocidad y había encendido el radio del auto a todo volumen. Alice se dejó caer en el asiento satisfecha, no se de que, yo me quedé en shock. La verdad Jasper nunca se había comportado de esa manera, frente a mí. Y que decir, que no pude contra Alice y terminamos en el Spa, la verdad valió la pena, porque terminé completamente relajada. Edward me llamó varias veces en el transcurso del día, solo para preguntarme, como lo estaba pasando, y en varias ocasiones infló mi pecho y llenó mi estómago de maripositas cuando me susurraba un “te extraño tanto” o un “quiero verte”… cuando le preguntaba a Edward porque el hecho de que no nos acompañara, solo dijo, que estaba resolviendo unas cuantas cosas con Emmet. Cuando le dije a Alice que necesitaba estar un momento con Edward, ella solo me dijo, que tomaba el riesgo de que volvieran a sacarme con Jasper. Eso me hizo revaluar la idea de salir en la noche.
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Me ví frente al espejo, mientras Nana, me ayudaba a cambiarme. Es que no podía creer que esa que estaba vestida y maquillada de esa manera frente al espejo era yo. Gracias a dios, mamá había contratado una estilista, la verdad el hecho de tener más de 24 horas sin ver a Edward y tirada todo el día, como un bulto en la cama, me habían colado de cabeza en la tarde. De tanto pensar en el hecho de que me esperaba la peor noche de mi vida, me había atacado una migraña increíble, me había tomado más de 5 analgésicos, los cuales solo me hicieron, dormir la tarde entera. Eran las 7 de la noche cuando empecé a bañarme, la estilista me dejó espectacular. Estaba asombrada de mi cambio. Era sin duda,  un antes y un después.

_ Estas preciosa… -escuché la admiración en la voz de nana, quien estaba parada detrás de mí-.

Yo solo me miraba al espejo asombrada. Luego una sonrisa se dibujó en mis labios.

_ Has crecido, mi niña… -dijo nana y yo vi lágrimas en sus mejillas, yo sonriéndome mas, la abracé fuerte-. Eres toda una señorita…
_ Lo soy… -dije y ambas nos sonreímos-. Ahora, solo me queda, poner buena cara, paras los periodistas presentes y hacer que mañana, en todos los periódicos nacionales e internacionales, aparezcamos en primera plana…

Nana me miró con temor, yo le sonreí, para darle tranquilidad…
_ Descuida nana… -repetí las palabras de Reneé-. “Solo me comportaré como toda una señorita, digna de ser la hija del Presidente de Estados Unidos…  




CON ANSIAS ESPERO SABER QUE LES PARECIÓ ESTE CAPITULO. A MI, EN REALIDAD ME HA GUSTADO, Y EL PROXIMO PROMETE SER MUY INTERESANTE. ASI QUE DEJENME SABER QUE LES PARECIÓ... BESOS Y ABRAZOS A TODAS AQUELLAS PERSONITAS QUE SIGUEN LA HISTORIA. ME HACE INMENSAMENTE FELIZ EL SABER QUE TANTAS PERSONAS SIGUEN LA HISTORIA. Y ME ALEGRA QUE EL OUTTAKE HAYA GUSTADO TANTO. AHORA MI AGRADECIMIENTO ESPECIAL PARA: LUCYLUCY, VALE, KUTYS, ANTAREZ, MUCHIII. GRACIAS CHICAS, SUS COMENTARIOS ME ENCANTAN Y EN OCASIONES ME HACEN REIR BASTANTE. SON INCREIBLES... BESOS Y ABRAZOS, GRACIAS POR COMENTAR...

martes, 10 de enero de 2012

OUTTAKE


                                                       
                                                                             Alice Pov.

Mi cabeza daba vueltas, haciendo todo mas divertido, mis piernas se sentían relajadas a tal nivel, que casi las sentía como gelatinas. La sensación era increíble, perturbadora, pero agradable. Como me sentía así, preferí quedarme sentada sobre esa superficie dura y fría en la que me encontraba, mis piernas recogidas y mi cara entre ellas, mientras abrazaba fuertemente mis piernas. Sentía el movimiento de personas a mi lado, cruzaban, hablaban, susurraban. Muchas personas distintas, lo sabia porque eran tonos se voces diferentes.

_ ¿Quién es ella?... -escuché una voz ronca preguntar-. Parece mal… yo la ayudar…

Una voz que conocía interrumpió a la otra.

_ No la toques… -dijo con advertencia, y esa voz si me parecía conocida, igual seguí en la misma posición-. Yo me encargo de ella… ustedes vayan a cubrir todas las puertas y los vehículos, para poder sacar a la hija del presidente de este maldito bar… el Oficial Cullen se encargará de la niña… ustedes solo cúbranlo…
_ Si Oficial Whitlock… -dijo la primera voz y escuché unos pasos alejándose, enseguida sentí unas manos que acariciaron mi cabeza, tratando de colocar mi pelo detrás de mi oreja-.
_ Alice… -susurró y yo nunca imaginé que su voz podía ser tan suave y dulce, lentamente saque mi cabeza de entre las piernas y mis ojos buscaron los de él-. 
  
Fruncí mi seño al darme cuenta, que debía estar bastante drogada. ¿Ese chico de pelo un poco largo, ojos verdes claros era Jasper whitlock?, la respuesta era.

_ Imposible… -lo dije en voz alta, y él inclinó un poco su labio, a punto de sonreír-.
_ ¿Qué es lo que es “imposible”?... -dijo él quien, estaba acuclillado en el suelo, frente a mí, para quedar a mi altura, estaba vestido tan jovial, unos jeans negros, una polera azul clara, es que creo que nunca lo había visto sin su uniforme de Oficial-.
_ ¿Jasper?... -dije con duda-.
_ Whitlock… -dijo él confirmándome, que era el mismo estúpido disfrazo de chico joven y guapísimo, porque si lo estaba, mas que de costumbre-.
_ Vamos… Edward me pidió que te llevara a tu casa, así que vamos a sacarte de aquí, antes de que aparezca algún paparazzi mal puesto…

Dijo y sin dejarme hablar, me tomó de la mano y me ayudó a ponerme de pies, para luego poner sus manos detrás de mis rodillas y en un leve movimiento cargarme en sus brazos, yo aproveché para rodear su cuello con mis brazos, y enterrar mi nariz en su cuello y si que olía exquisito. Dios, sus pasos eran algo apresurados y yo seguía sintiéndome como en la luna entre sus brazos.

Jasper Whitlock, era un tipo arrogante y mal puesto, siempre tenía para mí una mirada malhumorada o una palabra hiriente y no entendía la razón por la que aun, le dirigía la palabra. Si es cierto, que la primera vez que le vi como seguridad en la casa blanca estaba, que babeaba sobre sus pies, pero inmediatamente habló, toda ilusión se fue al mismísimo coño. La primera vez que lo ví, fue en una ocasión, en la que Emmet era custodio de Bella y fueron a uno de esos sitios en los que el Presidente requería toda su armada. Allí lo ví muerto de la risa hablando con Emmet y me lo encontré tan apuesto, tan elegante y tan joven.

Pero cuando me acerqué a ellos, junto con Bella, solo bastó intentar ponerle conversación para que el chico saliera con una actitud de estúpido arrogante, que me hizo pisar tierra y sacarlo de mi campo de visión, al menos eso le demostraba, porque la realidad es que era imposible para mi, ignorarlo cuando lo tenia cerca.

Llegamos a la calle, y saqué mi cabeza de su cuello para mirar que nos estábamos acercando a uno de los tantos autos de la presidencia, un tipo de seguridad abrió la puerta trasera.

_ Sube… -él me susurró, mientras me acomodaba en el asiento trasero, su actitud y su forma de hablarme era tan distinta que me descolocó, su voz era suave, sin una nota de ira o desprecio-.

Yo me acomodé acostándome en el asiento trasero, colocando la cabeza sobre la parte del asiento que estaba justo detrás del asiento del copiloto, por lo que podía ver perfectamente al conductor. La puerta se cerró, y luego de unos segundos vi a Jasper sentarse frente al guía del auto. Yo podía verle el perfil, y la forma en que agarraba el guía del auto. Sus manos me llamaron la atención, no se porque, la manera en que movía suavemente los dedos sobre el guía, haciendo un poco de presión de vez en cuando, me estaba provocando una sensación extraña en mi sexo. Jasper whitlock me gustaba, y demasiado, su forma tosca de hablarme por ocasiones me calentaba sobre manera, haciéndome preguntar, si seria tan tosco cuando tenia sexo. ¿Y que mierda hacia pensando en eso en este momento?.... sentí el cosquilleó en mi sexo, provocando que me mojara un poco. Cerré los ojos y los abrí para ver su perfil, su mirada estaba fija hacia la carretera. La forma suave en la que se había comportado conmigo, hacia unos momentos, me hacia tener la interrogante de cual de las dos formas era la que se inclinaría al momento de tener sexo. Y eso hizo que yo suavemente me fuera sentando en el asiento para sin pensármelo dos veces, abrazar el asiento en el que él estaba sentado y juntando mis manos en su pecho, desde atrás. Odie el maldito asiento que estaba entre nosotros dos.

_ Jass… ¿Te he dicho que me gustas mucho?...

Lo sentí ponerse tenso. Y sus manos se aferraron mas al volante, yo me sonreí.

_ Si no fueras tan imbécil, hace tiempo que hubiéramos tenido “sexo desenfrenado”…
_ Hazme el favor, Alice, y aléjate de mí, -dijo molesto-. Estas drogada y no sabes lo que estas diciendo… 

Llevé una de mis manos a su pecho y traté de acariciarlo cuando sentí un manotazo que hasta me picó. Dolió.
_ Auch… -me quejé-.
_ Acuéstate, que ya estamos llegando…
_ ¿Por qué me tratas de esta manera?... si fueras mas inteligente, hoy antes de irte a tu cama, tirarías un buen polvo…
_ ¿Contigo?. Ja!... -dijo y eso me enfureció sobre manera, mierda ya me estaba haciendo la idea de tirarme al chico, estábamos solos y en un auto, seguro que una oportunidad como esta no se repetiría, Jasper me gustaba y me quería dar el gusto de tirar un polvito con él-.
_ Si, conmigo… eres un imbécil…
_ Dime algo nuevo, Brandon… -dijo con burla-.
_ Vete a la mismísima mierda…

Dije, mientras me tiraba al asiento nuevamente y desde atrás volvía a ver sus manos sobre el volante, era posible que alguien se calentara por el solo hecho de ver las manos de un tipo, porque a mi me estaba pasando, la humedad de mi entrepiernas era increíble, y quería que fuera él quien me la calmara. Pero sonreí cuando la idea cruzó por mi mente, si a él le parecía insignificante tirar un polvo conmigo, pues yo iba a calmar mi calentura con él allí presente, a ver como se lo iba a calar. Me ayudó que llevaba un vestido corto, por lo que me puse boca arriba en el asiento, y subí las piernas, poniendo las plantas de los pies, sobre el asiento, por lo que la faldita de mi vestido subió a mi cintura y yo me acomodé mientras cerraba los ojos e introducía mi mano por adentro de mis pantys. Dios estaba tan malditamente húmeda que cuando mi dedo se introdujo entre mis pliegues, rodó con tanta suavidad que casi me introduzco un dedo en mi cavidad, un jadeo fuerte salió de mis labios.

_ Ahhh…o dios…

Sentí que el auto dio un leve girazo, pero mis dedos se estaban moviendo, haciendo círculos sobre mi clítoris, mis caderas se elevaron provocando que mi espalda se arqueara un poco, dios la sensación era placentera, mis dedos también podrían ser maestros.

_ ¡Maldita muchachita del demonio!... -gritó Jasper desde adelante, su voz era extraña, furiosa, y contenida-. ¡¿Qué mierdas haces?!...

Yo sonreí mientras ví hacia adelante, topándome con sus ojos por el retrovisor, su cara era un poema.

_ Dios… me estoy provocando… el orgas…mo… que... te has… nega…do a… darme….

Sentí que con la palma de la mano golpeó fuertemente el guía y presionó más el acelerador, mientras aferraba sus manos fuertemente con sus puños al guía. Yo seguí en aquello, dejando salir de mis labios, jadeos, suspiros y gruñidos. Cuando estaba al borde del orgasmo, sentí que el auto bajaba su velocidad y me dejé ir, mientras mencionaba su nombre. Al menos lo haría darse una buena ducha fría.

_ Mierdaaaa… jas…me est…oy…corr…ie…do…jasper… -jadeaba de manera entrecortada, él frenó el auto de golpe, mis caderas se movían al ritmo de los movimientos de mis dedos-. Jasper… me gustas tanto… que… me…estoy…corriendo… en…tu…nom…bre…jasper… -jadee-. Jasper… -le rogaba-. Mira…como…me…tienes… ahhhh…-mi cuerpo se contrajo y me golpeó el primer orgasmo, mis dedos se aceleraron fuertemente-. Ahhhhh… -dije mientras me dejaba ir completamente-.

Con mi respiración agitada, saqué mis dedos de mis pliegues y giré mi rostro, para ver que el auto estaba estacionado y que Jasper tenia la cabeza recostada del descansa cabeza mirando el capó del auto. En ese momento entendí, que no quería mis dedos dentro de mí, lo quería a él. Por lo que en movimientos rápidos, me saqué completamente los pantys y por el espacio que había entre los dos asientos del auto, me crucé hacia delante. Noté que cuando lo hice, Jasper ni siquiera habló, sus ojos estaban cerrados y sin ver objeción de su parte me puse ahorcajada sobre él, sintiendo inmediatamente un gran bulto entre sus piernas. Siiiiiii, lo había logrado.

_ Alice… -susurró él, y su voz estaba sumamente ronca, estaba debilitado y yo lo iba a aprovechar, sus ojos se clavaron en los míos, y estaban bastantes oscuros, dios este hombre ere inigualable-.
_ Shhhh…
_ Para esto… -suplicó-.

Yo me froté sobre él.
_ Shhh, mira como me tienes… -dije mientras que rápidamente llevé mis manos a sus pantalones, y de manera rápida y ávida, solté su botón y bajé el cierre, y mis labios fueron a los de él, me sorprendió que Jasper desde un inicio, introdujo su lengua en mi boca, y me besó, pero de una manera que hizo que un jadeo saliera de mi boca, nos besábamos, de manera necesitada, de manera rápida, como si quisiéramos comernos a besos, yo busque tentadoramente la palanquita, provocando que el asiento se fuera hacia atrás de golpe. Sin dejar de besarnos, yo misma me las idee, bajando sus boxers y pantalones lo mas que pude, para sacar el miembro de Jasper de sus pantalanes, aquello fue tan rápido, las manos de Jasper comenzaron a acariciar mi cuerpo de manera  avariciosa, yo me incorporé de nuevo sobre él, provocando que mi sexo desnudo hiciera presión contra el suyo, su erección era enorme, y la humedad de nuestros sexos provocaba una fricción demasiado insoportable. Los movimientos rápidos de su lengua, inundaban mi boca de manera fuerte. Yo no podía evitar que los jadeos de mis labios sean ahogados en los suyos, lo sentí presionar sus caderas contra mi centro haciéndome soltar otro jadeo por su contacto de presión. Notando como la humedad se desbordaba más en mi entrepierna.

Le miré fijamente a sus ojos que me observaban de forma lujuriosa. Yo me levanté un poco, para sin más preámbulo y con mi mano, guiar su duro pene a mi entrada, moví su miembro fuera de mi cavidad, haciendo que la humedad se entendiera por todo el exterior de mi entrada, y cuando su punta estuvo justo en mi entrada, de manera profunda, dejarme caer sobre él. Provocando una penetración brusca, la cual hizo que ambos jadeáramos al unísono. Esperé unos segundos, para acomodarme a él, y noté el agarre fuerte de Jasper en mis caderas, sentí que puso una de sus manos en mi nuca, obligándome a bajar la cabeza para chocar sus labios con los míos, y volvimos a besarnos. Luego de unos segundos, comencé a moverme sobre él, cabalgándole, sus manos se pusieron en mis caderas y subían y bajaban acariciando mi cuerpo con deleite.

_ Alice… -dijo en un jadeo-.

Dejé de besarle para buscar sus ojos, nuestras miradas volvieron a quedar enganchadas, nuestras respiraciones agitadas, nuestras bocas entre abiertas, comencé a hacer movimientos circulares. Provocando que Jasper cerrara los ojos por segundos. Esta imagen la iba a recordar toda mi santa vida. Dios!... Jasper era tan bueno.

_ Mierda… -lo escuché maldecir y eso provocó que me calentara mas-.

Jasper llevó sus manos a mi trasero, abriéndolo un poco mas de manera fuerte, provocando que mi entrada se abriera mas, sus manos me apretaban fuertemente, mientras a la vez me ayudaba mas aun con el movimiento circular de mis caderas. Cuando sentí que mi bajo vientre se contrajo, comencé nuevamente a cabalgarlo aumentando la velocidad, el roce de nuestros sexos nos estaba llevando al límite, ya que sentí cuando el miembro de Jasper recibió la primera contracción, tensándose aun mas, su miembro era enorme, mieeerrdaa, él comenzó a mover las caderas hacia arriba, provocando que nuestras caderas se encontraran en el camino, de manera brutal. En el auto solo se escuchaban mis jadeos y los gruñidos de Jasper. Cuando mi sexo llegó al máximo, este se contrajo abarcando y apretando con fuerza el miembro de Jasper, provocando que ambos recibiéramos un fuerte orgasmo.
_ Jas…per…
_ ali… mierdaaaa… ahhh…

Sin fuerzas me derrumbé contra su pecho. Nuestras respiraciones estaban aceleradas. Y para mi sorpresa Jasper me abrazó.

Luego de allí, Jasper me sacó del auto cargada y con mi llaves abrió la puerta, mamá por supuesto que nos vio, y comenzó con su maldito parloteo, porque pensaba que estaba borracha, Jasper me llevó hasta mi habitación, en donde yo volví a regalármele, pero este me rechazó y salió rápidamente de mi habitación. No podía perdonarle tal desplante.

¿QUE LES PARECIO ESTE PEQUEÑO REGALITO?... DEJENMELO SABER CON UN COMENTARIO... 

viernes, 6 de enero de 2012

CAPITULO XX.
Contigo...
Bella Pov.

La suavidad debajo de mí era sublime. Lentamente fui abriendo los ojos, para toparme con el techado mi habitación. 
Me senté en la cama y miré detenidamente mi habitación. Fruncí el seño con duda. ¿Cómo había llegado hasta aquí?. Lo ultimo que recordaba era haber estado en la habitación de Edward, el… haberme quedado dormida en sus brazos… y al recordarlo una sonrisa se dibujó instantáneamente en mis labios. Me dejé caer entre las almohadas.
Y me cubrí con las sabanas. Dios, es que la felicidad que sentía no me cabía en mi pecho. Cerré los ojos, para recordar. Suspiré al ver como mi imaginación construía tan vividamente, su mirada, sus labios, sus manos, su toque, su… sabor… retuve inconcientemente la respiración cuando recordé la sensación que sentía, al tener su pene en mi boca, lo suave que era, lo delicado que fue conmigo. Me mojé los labios, dejando el labio inferior agarrado fuertemente con mis dientes. La noche anterior, había sido inolvidable… si a la noche anterior y a lo vivido en el hotel de paso, se le llamaba “preliminares”, ¿Qué sería hacer el amor con Edward?... solté mis labios con un suspiro.

_ Dejas salir otro suspiro de esa manera y pensaré que estas pensando en cosas impropias… -dí un respingo en la cama, mirando de golpe a mi nana, quien parada al pie de la cama, me miraba con una cara de pocos amigos y cruzada de brazos, ella continuó hablando con advertencia-. Y me veré obligará a pegarle, señorita…

Yo me eché a reír.
_ Jajajajajaja… -nana al verme reír con ganas, no pudo evitar dejar la postura de señora regañona y me sonrió con cariño, mientras se acercaba y se sentaba en la orilla de la cama, a la altura de mi cintura, ahora su mirada era especulativa-.
_ ¿En que estabas pensando, corazón?...
_ Pues… -dije mientras me sentaba y cruzaba los pies en forma como si fuera a meditar y la miré-. En que nunca imaginé que volvería a sentirme feliz, aliviada… completa…

Nana me sonrió con ternura, me miraba directamente a los ojos.
_ ¿Edward te hace sentir todo eso… te hace brillar esos ojitos de esa manera?...

Yo solo atiné a confirmárselo con un asentimiento de cabeza y una sonrisa.
_ Si… lo quiero, nani… me siento tan feliz con él… Edward es lo mejor que me ha venido a pasar en mi vida… es como si ya nada me importara, sol él, nani…

Nana me tomó de la mano y me la apretó, transmitiéndome su apoyo y eso hizo que me quitara las sabanas y me aventara para abrazarla fuertemente. Dios, me sentía tan feliz.

_ Estoy feliz de que te sientas así, chiquita… solo espero que todo salga bien… y las cosas no se compliquen… ahora a levantarse, que mandaré a Jessica con tu desayuno, y a que te prepare la tina, la señora Carmen viene hoy temprano…

Puse cara de fastidio mientras me separaba de nana. Ella me recriminó con la mirada.
_ Y no me mires así, hoy no te libras de tus clases…

Edward Pov.
Vestido sencillo. Eran las once de la mañana cuando terminé de dar el recorrido por las instalaciones de la casa blanca. Entré junto con otro oficial, en la habitación en donde se llevaba el control de todas las cámaras de la Casa Blanca. En donde veíamos a través de las diversas pantallas, la toma que hacían las cámaras que habían en el interior de la casa blanca. El hecho de saber que Bella estaba en ese estudio con su institutriz, me provocaba una ansiedad increíble por verla. Por lo que entré a esa habitación con la finalidad de sentarme y observar detenidamente la pantalla en donde la cámara, de dicho estudio, firmaba. Dentro de esta habitación habían varios oficiales, los cuales hablaban chabacanamente, era increíble, como entre ellos, no eran esos tipos todo estirados y derechitos, al pendiente de obedecer, aquí eran simplemente tipos comunes y corrientes, hasta divertidos. Yo me senté y busqué entre todas las pantallas, hasta que encontré la del bendito estudio. Y allí estaba ella… una sonrisa suave se dibujó en mis labios. Ella estaba sentada detrás del gran escritorio de su padre, con su ceño levemente fruncido mirando detenidamente un librillo que estaba en el escritorio, frente a ella. Estaba tan concentrada.         
Tenia un lápiz en la mano, como estaba recostada un poco hacia delante, su pelo suave y lizo, el cual estaba recogido en una cola de lado, caía hacia delante, cubriendo parte de su rostro. Apreté fuertemente mi puño, al sentir la necesidad de estar allí y colocárselo detrás de la oreja. Isabella estaba tan hermosa. Lamentaba el verla a través de esa pantalla, tan lejos de mí. Quería poder estar a su lado, para tocarla, acariciarla, besarla… olerla… tomé suficiente aire por la nariz y lo voté por la boca, sentí la mirada de algunos de los oficiales en mí, pero luego volvieron a perder interés sobre mi. La ví, llevar la punta del lápiz a sus labios y aquello me hizo fruncir el seño. Ella dejó de prestar atención a su librillo y se echó para atrás, recostando su espalda, del espaldar de la silla, echando su cabeza para atrás, cerrando los ojos y sacando el lápiz de sus labios, para morderse el labio inferior.

_ No hagas eso… -susurré para mi mismo, sin dejar de mirarla-.

Ella parecía tan absorta en sus pensamientos. Una sonrisa se dibujó en sus labios y vi como la borró de golpe, al mismo tiempo que daba un pequeño respingo en el sillón. Ella miró para un lado y fue cuando noté la presencia de otra persona en la habitación. Era una señora, mayor, quien la miraba enfadada y cruzada de brazos. Bella puso cara de preocupación, mientras la miraba fijamente. Lamentablemente no podía escuchar lo que hablaban. Mierda! Estaba enfermo, lo se. Vi en sus ojitos una nota de enfado, ella miró de manera fulminante a la señora y luego volvió a tomar el lápiz, volviendo a tomar la postura de concentración en el librillo. La señora la miró por unos segundos más y luego volvió a darse la espalda para sentarse en un sofá tomando un libro e enfrascándose en alguna lectura. Noté que Bella le miró fijamente, era como si se estuviera percatando de que ésta, estuviera concentrada. Yo sonreí, al ver como ella sin apartar la mirada de la vieja, de manera lenta sacó de su pantalón algo. ¿Qué hace?. Me pregunté. No pude ver que tenia en sus manos, porque ella soltó el lápiz y llevó la otra mano abajo del escritorio junto a la otra, en donde la señora no podía verla, yo apenas podía verla y era porque la cámara estaba en lo alto, pero no lograba ver que estaba haciendo, bajó su cabeza y la vi concentrada en lo que hacia debajo de su escritorio. Fruncí el seño al sentir la necesidad de saber que mierdas era lo que estaba haciendo, cuando sentí que mi celular me timbró, haciéndome saber que acababa de recibir un mensaje. Aparté la mirada de la pantalla, para sacar de mi pantalón mi celular. Busqué el mensaje.

Isabella Swan: “Quiero verte, no dejo de pensar en ti”

Al comprender que me acababa de dejar un mensaje, una carcajada salió de mis labios. No porque era gracioso, si no de felicidad.
Ella estaba pensando en mí. Miré a la pantalla y la vi tan concentrada en su cuaderno que no pude dejar de sonreír. Rápidamente tecleé un mensaje. “concéntrate pequeña, que yo también muero de ansias porque salgas de allí, deseo verte también y… tampoco logro sacarte de mi mente” le di a enviar y me fijé en ella a través de la pantalla, ella se removió en su silla y puso (supongo que el celular) porque aun no lograba verlo, debajo del escritorio, la vi concentrada, leyendo el mensaje y mi corazón dejó de latir cuando la vi sacar esa hermosa sonrisa en sus labios. Yo me sonreí igual que ella. Dios, parecía un adolescente igual que ella.

Ella no borraba su sonrisa de sus labios y estaba tan concentrada en el celular, que se descuido con la vieja. Bella volvió a dar un respingo en su silla y sin borrar la sonrisa de sus labios, le dijo algo a la señora, mientras se colocó el celular discretamente en el pantalón y tomaba su lápiz, para concentrarse nuevamente en su cuaderno.

_ Está de buenas esta mañana… -ahora fui yo quien di el respingo, cuando escuché esa voz detrás de mí, era el oficial Marcos, nunca había cruzado palabras con él, yo lo miré a través del hombro, para fijarme que el señor miraba detenidamente la pantalla, que antes miraba yo. 

Me fijé en el tipo, era un hombre alto, mayor y a simple vista se notaba algo poco sociable-. Me refiero a la niña… -fruncí el seño, al notar que el tipo se había estado fijando en Bella-. Suele poner de cabezas a esa pobre mujer…

No dije nada, solo volví nuevamente mi vista a la pantalla, Bella parecía concentrada en su cuaderno, el señor, quien seguía parado detrás de mí, continuó con su monólogo.
_ Al parecer… fue buena idea, el que Emmet te designara como custodio de la chiquilla, ella parece menos rebelde… -yo fruncí mis labios, él no me veía porque estaba a mi espalda-. Sabía que no era tan desagradable como todos los Oficiales la pintaban… nadie quería hacerse cargo de su seguridad… solo yo me ofrecí al puesto… -hizo silencio y yo a la vez que fruncía el ceño, giré mi rostro por encima del hombro para mirarle, noté algo extraño en la mirada del tipo, tal vez rabia, tal vez descontento, no se que, pero que cosa, que él no me miraba a mí, seguía mirando fijamente la pantalla, en donde imaginaba que miraba a Bella-.
_ Estaba casi seguro que me designarían a mí… pero tu apareciste de la nada… -me miró de golpe y al toparse con mi mirada, ví que su mirada se suavizó y hasta esbozó una sonrisa agradable, mi ceño seguía fruncido, él me dio una palmadita en el hombro, para relajar el ambiente-. Pero gracias a dios que Emmet te eligió a tí, has hecho muy bien tu trabajo… eres demasiado joven… pero eres demasiado bueno en lo que haces, muchacho… te felicito…
_ Gracias… -dije entre dientes, mientras me ponía de pies-.
.
.
.
Bella Pov.

La vieja bruja de Carmen me dejó salir del maldito estudio como a las dos de la tarde. Estaba súper molesta con ella. Ni siquiera, me despedí de la vieja, aunque debía reconocer que casi nunca lo hacía, casi troté hacia el ascensor, debía ir a mi habitación rápidamente, a ducharme y cambiarme, ni muerta lo dejaría verme en esta facha. 
Moría de ansiedad por ver a Edward. Casi no logro conseguir concentrarme en las clases. Es que no lo veía desde anoche. Una vez en el ascensor me recosté de la pared y busqué nuevamente mi celular.

Edward Cullen: “concéntrate pequeña, que yo también muero de ansias porque salgas de allí, deseo verte también y… tampoco logro sacarte de mi mente”

Sonreí como tonta. Sus palabras no dejaban de afectarme. Lo había leído más de 20 veces, y la sensación que provocaban aquellas palabras dentro de mí, eran difíciles de explicar y procesar. Solté su nombre en un suspiro. Dios, estaba tan enamorada de él que hasta me sorprendía de mis propios sentimientos. Las puertas se abrieron, y salí rápidamente del ascensor. Frené mi caminar de golpe al fijar mi vista a los lejos y ver a Edward parado en la puerta de la habitación, recostado de ella y de brazos cruzados, noté que ambos nos vimos al mismo tiempo. Un cosquilleo extraño se instaló en mi cuerpo, y noté que él votó la posición relajada que tenía, soltando sus brazos, y separando su espalda de la puerta tan lentamente. Estaba tan hermoso, vestido de negro, casual y a la vez algo formal. Sus ojos estaban fijos en mí. 

Noté que me miró de abajo arriba y una sonrisa hermosa, ladeada y algo pícara salió de sus labios, yo supuse que me coloré, porque sentí el calentón que eso provocaba en mi cuerpo entero. Lentamente inicié mi paso hacia él. Me maldije, por el hecho de haberme puesto lo primero que encontré esta mañana.
_ Hola… -lo saludé en un susurro cuando me vi frente a él, él seguía mirándome de igual manera, con esa maldita sonrisa, que lo único que me provocaba, era quitársela con un maldito beso-.
_ ¿Llegaste a concentrarte?... -dijo mirándome con un brillo especial en los ojos, con esa mirada que me mataba, ¿era posible que una persona te gustara tanto? “si, si lo es”-.
_Supongo que sí… -dije y noté que él se echó a reír, yo me estaba sintiendo algo incómoda, a mí me afectaba el solo hecho de verlo y en cambio él, se notaba tan tranquilo, tan feliz, tan hermoso, lo ví mirar detrás de mí, pero a la altura del techo, su expresión fue extraña, en segundos la cambió de temor a frustración, yo estaba tan absorta en sus expresiones, que no me llamó la atención el ver que era lo que miraba, de repente su mirada volvió a mí, pero aunque me miraba con el mismo brillo, su sonrisa había desaparecido-.
_ Anda, nena… -dijo mientras se apartaba de la puerta-. Cámbiate y salgamos de aquí…

Siempre su tono mandón, pero en esta ocasión no me importó. Solo moví la cabeza positivamente, mientras pasaba por su lado, para abrir la puerta, cuando giré el pomo, escuché que me llamó, y me giré para verlo.

_ No te tardes, por favor… -me suplicó y aquello fue suficiente para que en mis labios, se dibujara una sonrisa, él también me sonrió, y yo entré a la habitación rápidamente-.
.
.
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Un baño de unos cortos minutos, corrí por mi habitación como una desquiciada buscando que ponerme, en este momento extrañé a mi amiga Alice. No sabia si vestirme al estilo “Yo” o al estilo “Hija del Presidente”. Y la verdad me decidí por lo primero.
Luego de recibir el mensaje de Edward, de que estaría esperándome en el garaje, tomé uno de mis bolsos rojos, mis gafas, mi celular y salí casi corriendo de la habitación. Me metí en el ascensor y agradecí al cielo, cuando vi que sus puertas se abrieron en el sótano. Nunca me había percatado de que estos ascensores fueran tan lentos. Salí y ví a Edward junto a su volvo, era bueno que a él no le gustara utilizar los autos de la Casa Blanca, porque dentro de su volvo y con él a mí lado, me sentía una persona común y corriente. Él al ver que mis pasos eran lentos, caminó hacia mí, y para mi sorpresa al llegar me tomó de la mano, para apresurarme a caminar rumbo a su auto. Yo me descoloqué un poco, cuando lo ví abrirme apresuradamente las puertas del copiloto, y sin decirnos nada me subí al auto, él cerró la puerta y casi trotó para llegar a su lado. Encendió el auto y salimos de la casa blanca.

Ambos íbamos callados. Apenas llevábamos un minuto lejos de la Casa Blanca, cuando ví que Edward dio un fuerte viraje, estacionando el auto en una orilla de la carretera. Yo con el corazón en la boca, le miré con los ojos abiertos como platos. Ví que este de manera apresurada apagó el motor y se quitó el cinturón al mismo tiempo. Todo fue en segundos, lo ví inclinarse hacia mí, él mismo presionó el botoncito rojo, y me quitó el cinturón de seguridad, mientras con su voz ronca me decía “ven aquí, por favor”. No solo fue su voz ronca, si no en la forma tan necesitada que lo dijo, lo que provocó que un cosquilleo se instalara en mi bajo vientre. De manera ansiosa, colocó ambas palmas de sus manos en mis mejillas y acercó mi rostro hacia el de él.
Inmediatamente nuestras pieles hicieron contacto, mi cuerpo reaccionó, provocando esa sensación de calor, electricidad y necesidad, que incitaba que mis pantys se humedecieran y mi sexo se contrajera. Edward no me dio chance alguno a procesar aquellas sensaciones, ya que con un hambre voraz, atacó mis labios. Su lengua no pidió permiso, si no que de manera brusca, pero a la vez suave, se introdujo en mi boca, haciendo que un jadeo saliera de mis labios, una de las manos de Edward abandonó mi mejilla, para irse arrastrando, por todo mi costado, provocando que mi piel quemara ante se toque, y se estacionara en mi cadera, sujetándola suave pero de manera consistente, como si su vida dependiera de ello. Nuestras lenguas danzaban tan deliciosamente, su lengua era suave, húmeda, deliciosa. Un jadeo salió nuevamente de mis labios al recordar la vez que la sentí en mi sexo. Mierda!, me estaba humedeciendo demasiado, Edward tragó mi jadeo, y sostuvo con un poco mas de firmeza mi cadera, la maldita incomodidad no ayudaba para nada. Edward lentamente apartó sus labios de los míos, pero para bajarlos a mi cuello, yo eché un poco la cabeza hacia atrás, dándole más acceso a mi cuello. Su lengua y sus labios, se sentían increíble. Sentí su aliento en mi oído, me besó el lóbulo de mi oreja, mientras me susurraba “Me vuelves loco”. Otro gemido salió de mis labios, y fui yo quien llevando mis temblorosas manos a su nuca, busqué sus labios y lo besé ansiosamente. Estaba que picaba de caliente. Mi respiración se atoró en el pecho cuando sentí que la mano de Edward soltó mi cadera, para dirigirse al botón de mi pantalón… ¿Qué pretendía?, no lo se. Pero le daba gracias a dios que estuviera haciéndolo. Mientras nos besábamos, él de manera diestra me soltó el pantalón y me bajó el cierre.

_ Ven acá… -dijo y mierda, su voz estaba tan ronca. Edward tenia demasiada experiencia, es que sus movimientos eran tan experimentados y precisos, porque la incomodidad de estar en el auto, se fue al mismísimo coño, cuando sus manos luego de soltar mis pantalones, me tomaron por las caderas y él mismo rápidamente me acomodó a tal punto que me pasó a su asiento, pero él se colocó con la espalda recostada de la puerta de él, y me sentó sobre sus piernas, en la misma posición en la que se encontraba él. Ambos extendimos los pies, sobre el asiento del copiloto. Provocando que mis nalgas quedaran justo enzima de su grandiosa erección, la cual se sentía demasiado dura. Ambos gemimos al contacto. Edward sin preámbulos, introdujo su mano por dentro de mi pantalón, por dentro de mis pantys, haciendo que yo me arquera y me moviera un poco sobre él. Me coloré más de la cuenta al sentir como sus dedos resbalaron ante mi evidente humedad. Edward dejó caer su frente en mi nuca. Su respiración se escuchaba demasiada acelerada. Su dedo mayor se movió lentamente sobre mi clítoris, en un movimiento de sube y baja.
_ Me encanta sentirte tan mojada, nena… -dijo y su voz se escuchaba amortiguada por mis cabellos, él hablaba mientras su dedo no dejaban de moverse, yo con mis ojos cerrados, apretaba fuertemente los dientes en mis labios-. ¿Quién rayos tuvo la grandiosa idea de que te depilaras de esa manera?...

Yo jadee. Su frente hacia presión en mi nuca, mientras agregó su dedo índice, para acompañar al mayor y presionándolo un poco mas, dentro de mis pliegues.

_ Eres suave… sabes deliciosa, Bella… -yo jadee y fue cuando sentí que Edward con su mano libre la llevó a mi estómago y la fue subiendo, por debajo de mi franela, hasta llegar a mis sostenes, los acarició por encima de la tela, y sentí como mis pezones estaban reaccionando ante su tacto, endureciéndose. Menos mal que los vidrios del auto eran oscuros-. Logras ponerme de una manera que…

Calló y yo sentí que no iba a soportarlo, me humedecía más y los dedos de Edward rodaban cada vez mas hacia abajo, llegando hasta mi entrada. Yo volví a moverme sobre él, y lo escuché gruñir.

_ No te muevas, preciosa… no te muevas porque vas a lograr sacármela en los pantalones…

Mierdas, estaba a mil, la voz ronca de Edward me estaba enloqueciendo y que decir de sus dedos, quienes estaban tomando mas velocidad, provocando que me lubricara mas con mis propios jugos.

_ Quiero escucharte, Isabella… quiero escucharte decir mi nombre… -yo jadee al sentir que me tensaba, los dedos de Edward bajaron la velocidad del movimiento, Edward agregó su dedo anular para rodar suavemente sus tres dedos de manera desquiciadamente lento, desde mi clítoris, siguiendo suavemente hasta llegar a mi entraba y como pudo, sus tres dedos entraron en mi cavidad, provocando que mi cuerpo se contrajera-. Eres tan estrecha, preciosa, que de imaginarme dentro de ti siento que voy a morir… muero de pensarlo… -dijo entrando y sacando lentamente sus dedos en mí, me incomodaba un poco, pero la sensación cubría cualquier malestar-.
_ Ed…wa…rd…
_ Dime preciosa…
_ ¡MIERDA!... -jadeé al sentir el primer latigazo del orgasmo, mi cuerpo se tenso por completo-.
_ Relájate… -me pidió, sacando mi mano de mi pecho y rodeando con ella mi cintura, haciendo que mi nalga se presionara mas con su miembro, puta madre, estaba demasiado duro-. Relájate… -decía y era evidente que su mandíbula estaba apretada, llevó su boca a mi oído para susurrarme palabras, que lo que hicieron fue acelerar mi orgasmo-. Voy a sacarte los dedos…
_ Noooo… -le supliqué para que no lo hiciera, sus movimientos seguían, y aunque no los entraba tan profundo, ya me sentía al borde-.
_ De seguir, puedo romper la maldita barrera con mis dedos, Bella… no quiero eso…
_ Ahhhh… -dije tensándome-. Edward… me voy a correr…
_ Quiero sentirte… te deseo, Isabella… quiero saber que se siente el estar dentro de ti… esto me esta volviendo loco… me voy a correr en los pantalones… córrete, córrete, por favor… hazlo ¡Ya!... -me ordenó de manera torturada y mi cuerpo se comenzó a sacudir, haciendo que Edward sacara sus dedos de mi cavidad y comenzara a frotarlos rápidamente en mi clítoris, provocando que mi orgasmo se extendiera mas aun-.
_ Ahhhh, Ed…wa…rd…

Nunca había sentido mi cuerpo tan debilitado como lo estaba sintiendo en este momento, Edward sacó lentamente sus dedos, y como estaba a mi espalda no vi lo que hizo, solo se que lo llevó su mano a la altura de sus labios, yo cerré los ojos, mientras trataba de calmar mi respiración.
_ Sabes tan bien, mi reina… amo probarte… amo sentirte… y verte cuando te corres…  
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¿Cuánto tiempo duramos en aquella posición?... no lo se. Solo estaba conciente que sentada en las piernas de Edward, este me abrazaba, provocando que mi mundo dependiera solo de su agarre. Nunca imaginé sentirme como me sentía cuando lo tenía cerca de mí. Luego de unos treinta minutos, volvimos a coger camino, aunque no fuimos muy lejos. Porque al ver donde Edward se estaba estacionando, una sonrisa inmensa se dibujó en mis labios. Estábamos justo frente al Meridian Hill Park.





Quise morirme, ese parque era uno de mis preferidos, pero casi no lo visitaba. Pero el que Edward me trajera allí, me encantaba. Parecía una niña de lo entusiasmada que estaba, mientras Edward y yo recorríamos el inmenso parque, caminando, conversando, comiendo chucherías, hasta caminamos un buen tramo, tomados de la mano. Sus dedos, eran tan calidos, y la sonrisa que me regalaba de vez en cuando me desarmaba, nunca imaginé que podía enamorarme de aquél seguridad arrogante que conocí y que soportaba tan poco en un principio. El lugar era hermoso.

 












La felicidad no cabía en mi pecho.

Edward Pov.

Sabia que el estar tras unas malditas rejas, no era suficiente para lo que me merecía. Estaba acostado en mi cama aboca arriba, recibiendo los malditos reproches de mi conciencia. Luego que nos cayera la noche en el parque, traje a bella hasta la casa, la pobre se veía tan cansada que no puso resistencia cuando la llevé directo a su habitación. En su carita era evidente que estaba muerta de cansancio. Yo en cambio, desde que entré a mi habitación, me entre a la ducha, con la finalidad de deshacerme del maldito problema que me estaba causando esta niña. Sabía que mis actuaciones no eran para nada correctas, pero es que en mi vida, nunca he sido un tipo controlado ni mucho menos correcto. Estaba pisando hondo, lo sabía. Pero es que Isabella me estaba matando. Estaba loco por ella y sentía que mi conciencia y mi autocontrol se perdían, cuando se trataba de ella. No entendía, por mi cama han pasado miles de mujeres y nunca me habían puesto como me pone esa niña. Cerré los ojos, para recordar su sonrisa sincera, como se emocionó al ver el parque, como disfrutamos la tarde juntos, hablando, conociéndonos, jugando como si fuéramos adolescentes, al menos yo no lo era. Ella era una chica especial. Y lo estaba demostrando, por lo rápido que se estaba colando tan dentro de mí. Su inocencia me mataba, pero también el hecho de que supiera ser tan mujer cuando estábamos en aquellos momentos. Mi celular volvió a vibrar y lo miré. Emmet me había llamado con bastante insistencia en las últimas horas y yo por nada del mundo estaba en ganas de escucharlo. Por eso no le tomé la llamada.         
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Bella Pov.

_ ¡¡¡ Eres una mala amiga!!!... -desperté de golpe al escuchar el grito de Alice tan cerca de mi oído-.
_ ¿Alice?... –dije un poco somnolienta-.
_ ¿Recuerdas mi nombre?... -cuando adapté los ojos a la claridad, divisé a una Alice súper enfadada cruzada de brazos-.
_ ¿De que mierdas me hablas?... -dije mientras me sacaba las sabanas y me ponía de pies, caminando hacia el baño, Alice me pisaba los talones-.
_ Ya ni me llamas… -dijo con voz triste-. Me tienes abandonada… mira, yo hoy, hasta me escapé del instituto para verte…

Sonreí.
_ Lo siento… he estado muy ocupada… -dije mientras una sonrisa picara se dibujaba en mis labios, puse el jacuzzi a coger agua, Alice me miró con picardía, mientras se sentaba sobre la tapa cerrada del retrete-.
_ Si me dices como, te perdono el que me tengas abandonada…

Yo sonreí mas inmensamente, mientras echaba esencias en el jacuzzi. Me sonreí mientras me sentaba en el borde del jacuzzi y la miraba.
_ Con Edward… -suspiré-. Mierda Alice, me tiene loca… estoy enamorada de él…

Casi me caigo de espalda en el jacuzzi, del susto, ya que el grito y salto que dio Alice me espantó, maldita duende.
_ ¡Eeeeeeeee!... -dijo aplaudiendo y dando saltitos, estaba feliz, y eso me hizo sonreír enormemente-. Que bueno que te has enamorado, amiga, la verdad te hacia falta… pero cuéntame… -dijo mientras se acuclillaba con interés frente a mí-. ¿Lo has besado?...
_ Más de lo que te imaginas… -Alice abriendo los ojos como platos se dejó caer sentada en el piso, yo reí a carcajadas-.
_ ¿También le gustas?... ¿Te lo ha dicho?...

Yo fruncí el seño y la miré con duda.
_ ¿Dice algo que en varias ocasiones le haya provocado tremenda erección?...

Alice abrió los ojos inmensamente mientras tapaba su boca con la mano, yo me eché a reír. Ella tragó en seco y con la boca aun tapada preguntó.
_ ¿Tercera base?...
_ Segunda…

Alice se puso de pies e hizo el intento de quitarse la camisa.
_ ¡¿Qué haces, Ali?!... -dije sin entender-.
_ La que necesita bañarse soy yo…

Yo me eché a reír.
_ No seas babosa y salte, que me quiero bañar… debo salir rápido de esta habitación…

Alice me miró ansiosamente.
_ No creas que no me contarás lujos y detalles… báñate, yo mientras, te elegiré la ropa, que debemos ir de compras… has de cambiar tu lencería… -yo sonreí-.

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES PARA: SABI-CHAN, MUCHII, LUCY, ANTAREZ, VALE, Y ANONIMO. GRACIAS POR COMENTAR Y SEGUIR MI HISTORIA. LES TENGO UN PEQUEÑO REGALITO PARA EL MIERCOLES DE LA SEMANA QUE VIENE, ASI QUE DEN LA VUELTECITA POR EL BLOGS. ESPERO SUS COMENTARIOS. GRACIAS Y ME ALEGRA QUE LE VAYA GUSTANDO CADA VEZ MAS LA HISTORIA. BESOTES Y ABRAZOS PARA TODAS LAS QUE ME SIGUEN...