LA HIJA DEL PRESIDENTE

viernes, 9 de diciembre de 2011

CAPITULO XVII.

MARYLAND.


Edward Pov.

Estaba acostado en mi cama, a boca arriba, giré mi rostro para mirar mi reloj pulsera. Eran las cuatro de la mañana y no había pegado el ojo. Por lo que decidí, pararme de la cama y darme un buen baño. El agua caía en mi cabeza, mientras me empapaba, yo pensaba en ella. Mi mente vagaba, reviviendo aquellos momentos con ella. Su sonrisa, su mirada pícara, Isabella Swan era tan preciosa, lo era en todo momento, cuando parecía una niña dulce e inocente, cuando dejaba ver su lado rebelde y caprichoso y hasta cuando sufría. Yo necesitaba estar a su lado, para llenar ese vacío que sabia que sentía en esta casa y en esta familia, es que seria capaz de interponer mi vida por la de ella, de ser necesario. Me pase la mano por la cabeza, mientras el agua golpeaba mi cara, ¿Cuándo me permití sentir esto?... es que las cosas habían pasado tan rápido que ni siquiera me percaté que esa niña se estaba colando tan dentro de mi, y de que manera. Era algo obsesionarte para mí, a tal punto, que me estaba desquiciando el solo hecho de saber que a estas horas seguro que estaba tirada en su cama, envuelta en sabanas de seda, durmiendo… ¿Qué no daría, solo por poder observarla?... me puse mas para el centro del grifo dejando que el agua golpeara el tope de mi cabeza, haciendo que me mojara mas. ¿Qué no daría yo, no solo por  verla?... si no también, poder echarme con ella, quitarle las sabanas y poder observarla, en tan solo en pijama… apreté fuertemente los ojos, sabia a donde estaban llevándome esos pensamientos, pero igual, no los iba a detener, lo necesitaba, lo ansiaba. Lleve ambas manos a la loseta (pared del baño cubiertas por cerámicas), puse mis palmas abiertas en ella, y sostuve mi cuerpo, mientras colocaba mi frente en la pared fría, provocando que el agua cayera en mi espalda, mis ojos estaban cerrados y dejé que mi mente vagara en los recuerdos… todo lo que quisiera. Reviví la imagen en mi mente, a Bella sobre mí, en el lujoso piso de su cuarto de baño. Volví a sentir sus labios rozando y besando los míos. Mi sangre comenzó a escaldar y me dejé revivir el recuerdo de lo que había pasado en su baño. Nuestras bocas, besándose de manera necesitada, nuestros labios en una armoniosa pero desesperada danza, quería mas de ella, necesitaba mas de ella, pero al sentirla moverse sobre mi miembro quise detenerlo, porque estaba seguro de que si lo volvía a hacer, no iba a pensar en nada e iba a ser lo que deseaba como un loco, tomarla allí mismo, por eso sostuve con mis manos de manera fuerte y precisa, sus caderas, pero mi fuerza de voluntad era tan poca, que no así, pude detener el besarla, quería probar su aliento, su esencia, su todo, Profundicé el beso, penetrándole mi lengua en su boca, sentí su lengua adentrándose poco a poco en mi boca, ella alzó sus manos y las enredó en mis cabellos, no se imaginaba cuanto me gustaba que hiciese eso, contuve el gemido que quería salir de mis labios, pero la apreté todavía más contra mi cuerpo, contra mi miembro duro, ella entreabrió los labios, dejando salir un jadeo, mencionó mi nombre y juro que de no contenerme, en ese preciso momento, pude haberme corrido en mis pantalones. Mi propio gemido, hizo que saliera y despertara de mis recuerdos, mis ojos lentamente se abrieron para mirar mi mano, que en ese preciso momento, hacia movimientos de sube y baja en mi miembro. El agua caía sobre mi cuerpo. Solo mis ojos, el agua y las paredes de esa regadera, eran testigo de lo que estaba haciendo… necesitaba descargarme, si no quería quedarme con un grave problema. Mi mano estaba haciendo el trabajo lento, miré mi miembro, el cual estaba bastante duro, y al imaginarme dentro de quien debía estar en ese momento, solté un gruñido lastimero, mientras agilizaba el movimiento de mi mano. Mierda, estaba peor que un adolescente, me morí los labios, cuanto sentí que estaba apunto de correrme, apreté fuertemente los ojos cuando sentí mi semen en la punta, al borde de salir, mis músculos se tensaron de momento, mis manos se comenzaron a mover mas rápidamente y en mi mente solo pude verla a ella, a Isabella Swan y aquello bastó para que el gemido que saliera de mi boca desbordara, al mismo tiempo que me corrí y mi semen cayera, ensuciando mis manos y el piso del baño, los movimientos de mis manos fueron bajando el ritmo, hasta que separé mi frente de la loseta y busqué el jabón para lavarme, mi respiración estaba agitada, y aunque me había descargado un poco, me frustré porque aun la necesitaba a ella, era a ella a quien quería. Y no me importaba nada más.

Bella Pov.

Sentía que alguien me llamaba, la voz fue acercándose hasta que desperté.
_ Anda, pequeña… van a ser las diez de la mañana… -escuché que nana con su voz tan cariñosa me hablaba, mientras yo me tapaba la cara con la almohada, al sentirme tan cansada, si es que no había dormida nada-. Te traje algo para que desayunaras… la soñara Carmen ha llamado que viene de camino…

Bufe, lo que me faltaba… Carmen era mi institutriz, una solterona amargada, como de unos 40 años. Según ella, como eran clases particulares, no necesitaba tomarla todos los días, por lo que iba unas, tres o cuatro veces por semana, ¡La odiaba! Por amargada y aburrida, aunque era muy buena enseñando. No sabia como soportaba esto, por suelte iba a ser mayor de edad, para cuando fuera a la universidad, dudo que papá quisiera que me dieran clases universitarias en la casa.

_ Llámala y dile que estoy enferma… -dije sin destapar mi cara de la almohada-.  Al fin de cuentas, papá y mamá están de viaje… no lo sabrán…
_ Isabella… -dijo mi nana con un tono de advertencia-. Recuerda que estas a mi cargo…

Me quite la almohada de la cara y la vi de mala manera, ella estaba con una bandeja de cama en sus manos, yo me acomodé colocando mi espalda del espaldar y ella me colocó la bandeja encima de mis piernas.

_ ¿Comida a la cama?... –ironicé, ya que lo odiaba-.
Nana sonrío.
_ Tampoco ibas a querer desayunar solita en el comedor…
_ Baaa… –dije con desgano, mientras me echaba un trocito de fruta en la boca-. 
_ Debes comer, pequeña… me preocupas, estas tan delgadita…

Yo seria tomé un poco de jugo de naranja.
_ Si querías que comiera, debiste mandar a Edward a traerme el desayuno… -dije sin pensarlo y noté por el rabillo del ojo que nana se tensó-.
_ Edward no es servicio es seguridad
_ ¿Dónde está él, nana?... –le dije rogándole con la mirada que solo me contestara y no cuestionara mi interés-.
_ Lo dejé en la cocina desayunando… -dijo ella entre dientes, yo sonreí, al ver que me había hecho caso y no estaba custodiándome desde mi puerta-. Ha despertado desde muy temprano y a verificado lo que Emmet le ha encargado, en cuanto a la seguridad…
_ ¿Qué estaba desayunando?... –le pregunte con una sonrisa, quería que me hablara de su gusto-.

Nana puso cara de preocupación, y luego de unos segundos me contestó.
_ NO había empezado a desayunar, lo dejé con Jessica, que le estaba preparando algo que Edward nunca había comido y que ella le estaba recomendado-.

Mi cuerpo se contrajo al escuchar eso. Rabiosa, me quité de encima la bandeja poniéndola a un lado de manera brusca, pero no lo suficiente, para derramar nada sobre mi cama, y me quité las sabanas, las cuales estaban enredadas en mis piernas, me puse de pies y miré a nana, quien me miraba con cara de espanto, desde el fondo de la cama.

_ ¡¿Qué?!... –grité muy molesta, al recordar aquella escena que viví en el pasillo del despacho de mi padre, en donde esa chica le coqueteaba evidentemente y aquello bastó para que me pusiera roja de la rabia… ¿y si lo estaba haciendo ahora?, miré con miedo a mi nana, mientras me acerqué a ella.
_ Dile a Edward que suba en este mismo momento, nana…
_ ¿Y para qué?... –dijo nana molesta-.
_ ¡Es mi maldito custodio y lo necesito ahora mismo aquí!... –dije bastante molesta-. ¡no hagas pregunta nana, solo dile que venga!...

Nana respiró profundamente y se giró.
_ Espera nana… -dije ya hablándole en un tono bajo-. Llévate la bandeja…

Ella me miró alarmada.
_ Pero si no has comido nada…
_ Comeré algo mas tarde… ve por favor… -le supliqué y ella tomó la bandeja de mi cama, y cuando la vi salir de mi habitación, corrí hacia el baño, a darme una rápida ducha, ni muerta dejaría que Edward me viera
Me admiré por lo rápida que lo hice, cuando escuché unos nudillos llamar a mi puerta, ya estaba lista, solo que sin nada de maquillaje, me vestí puramente casual.  



El pelo lo tenía suelto, por lo que miré al espejo, sin duda no es que necesitara el maquillaje.

_ ¡Voy!... -dije mientras me daba un ultimo vistazo en el espejo, de cuerpo entero que tenia en el vestidor y caminé hacia la puerta, para ver a quien realmente necesitaba a mi lado. Me quedé observándolo, todavía con el pomo de mi puerta abierta. Y él después de darme un breve vistazo, de los pies a la cabeza, me regaló esa sonrisa tan suya y que ya se estaba convirtiendo en mi favorita.







_ ¿Descansaste?... -me preguntó en un susurro, sin borrar de sus hermosos labios esa sonrisa-.
_ No lo creo… -dije sin apartar mi mirada de sus ojos, sin duda debía verme como una pura idiota-. ¿Y tú?...
_ Un poco… -dijo, mientras se ponía serio y vi que movió la cabeza, como si tratara de no pensar en algo, me miró directo a los ojos, de manera tan penetrante, que me hizo estremecer-. Me dijo la señora Cope, que querías verme…

Y rayos!... no había pensado en lo que iba a decirle, porque era evidente que no le diría que solo detestaba la idea de que la tonta y regalada de Jessica se acercara a él. Lo miré   apenada, mi mente era un fiasco, estaba en blanco, no se me ocurría nada, seguro que era por el mismo hecho de tenerlo en frente de mí y mirándome de esa manera. Edward esperaba por una respuesta y como dios a veces no se olvidaba de mí, como caído del cielo, mi celular sonó. Yo rápidamente me giré por encima de mi hombro para verlo vibrar desde mi buró.

_ Dame un segundo… -y corrí hacia él, evidentemente lo vi como un regalo del cielo-.

Cuando vi en la pantalla que era Alice, lo tomé sin pensarlo, ¡amaba! A mi amiga.
_ Ali… -dije, de espalda a Edward, no se, pero sentía que su mirada me estaba quemando-.
_ Bella… -dijo mi amiga desde el otro lado del teléfono, y la escuché algo afligida, fruncí el seño, eso era bastante raro en Alice-.
_ ¿Qué pasa, Alice?...
_ Estoy en el instituto, mi madre me acaba de llamar… mi abuelita volvió a recaer…

Dios, sentí tristeza, sabia lo que Alice quería a su abuela, y lo afectada que iba a estar si su abuela, no lograba recomponerse…
_ Lo siento, ali… seguro que se va a poner bien… ¿quieres que te ayude en algo?... –dije preocupada-.
_ NO se si es mucho pedir… pero… ayer en la tarde un oficial me retuvo mi licencia de conducir… según él, por malcriada y faltarle el respeto a la autoridad… -la escuché bufar-. Inepto con placa… -dijo entre dientes-. Pero en fin, hoy un amigo me dio el aventón al instituto y mi madre desde que le dieron la noticia de mi abuelita, se ha ido sin esperarme y ahora no se que hacer…
_ ¿Quieres que te lleve?... –dije sin pensarlo y escuché la leve emoción de mi amiga del otro lado, odiaba escucharla tan triste-.
_ ¿En serio lo harías?... ¿recuerda que Maryland queda a unas dos horas y media en carretera?...
_ Pues… estoy castigada, pero sabes que por ti amiga, haría lo que fuera… mis padres están en Londres, si nos vamos temprano, puedo regresar hoy mismo…
_ Bella, eres un ángel… no te imaginas lo que te lo agradezco…
_ Somos amiga… -sonreí aunque ella no pudo verme-. Pasaré ahora mismo por ti, al instituto, estate pendiente a mi mensaje, te escribiré cuando este aparcada afuera…
_ Gracias, gracias…
_ Salgo Alice…

Dije colgando la llamada y abrí una de las pequeñas gavetitas del buró y saqué mi monedero con mis cosas personales, y las llaves de mi auto (Aston martín). Di un pequeño brinco, cuando escuché la voz de Edward detrás de mí, juro por el santísimo, que me había olvidado de su presencia.

_ ¿A dónde piensas que vas?...

Yo me giré y le miré, él me miraba bastante serio.
_ Alice tiene un inconveniente y tengo que ayudarla…
_ ¿Y de que manera si se puede saber?...

Dijo y me molestó su tono. ¿Acaso Charlie se había metido en el cuerpo de Edward?. Lo miré bastante seria.
_ Voy a llevar a Alice a Maryland…

Lo vi abrir los ojos como platos.
_ ¿Pretendes llevarla a Maryland?... sabes que eso está un poco retirado…
_ No me importa… -dije mientras evadía su cuerpo, que estaba en mi camino, y salía al pasillo, rumbo al ascensor-.

Cuando le di al botón, para que ascensor abriera sus puertas, sentí el agarre de Edward en mi brazo.
_ ¿Recuerdas que soy tu seguridad, verdad?...
Lo miré con duda.
_ Iré contigo… yo las llevaré… iremos en mi auto…

Aunque estaba feliz de que iba a estar con él, no se lo demostré. Me alcé de hombros restándole importancia.
_ Como quieras, pero andando… Alice me espera…

 

Vi a mi amiga caminar hacia el volvo de Edward, estaba muy linda, un vestidito por encima de las rodillas, color anaranjado, su pelo recogido y un bolso blanco un poco grande. Edward estaba afuera del auto, recostado de una de sus puertas, algo pensativo. Aparentemente estaba enojado conmigo, al menos, eso pensaba, ya que no me habló en todo el camino, y tenía cara de pocos amigos, yo traté de no pensar mucho. Al ver a mi amiga, me desmonté del asiento del copiloto y me acerqué a ella, Alice al verme aceleró el paso y me abrazó. Edward estaba cerca de nosotras, pero no dijo absolutamente nada. En ese momento actuaba en su papel de tipo de seguridad, serio, distante y al acecho de que yo no corriera peligro. Cuando me separé de Alice y me fije en sus ojos, estaban rojos y algo irritados, ella me sonrió, aunque su sonrisa no llegaba a los ojos. 

_ Vamos… -le dije y la tomé de la mano, para guiarla al auto, ella al ver a Edward le sonrió y se acercó a él sorprendiéndolo con un beso en la mejilla y un abrazo de unos segundos-.
_ Hola, Edward… -dijo ella y Edward le sonrió un poco-.
_ Hola, Alice… -le dijo él-.
_ Te ves mi guapo vestido tan casual… esos jeans te quedan perfecto…

Yo me sonreí, esa era Alice… ella descaradamente le examinó de pies a cabeza y puso cara de dolor, mientras se mordía el labio y giró su cara hacia a mi, que estaba al lado para hablarme entre dientes.
_ Mierda… eres suertuda…

Yo abrí los ojos como platos y de manera impulsiva con mi mano le empujé por el hombro haciendo que ella trastillara, miré a Edward y él contenía una maldita sonrisa, me imagino que me puse roja como un tomate, ya que Alice sonriéndose me tomó del brazo.  
_ Vamos…

Edward abrió la puerta de atrás de su volvo y Alice y yo nos montamos. Mientras Edward daba la vuelta, Alice inspeccionaba el auto con duda.

_ ¿Y cuando Charlie cambió sus súper autos?...
_ Es el auto personal de Edward… -dije mientras Edward se sentaba delante, frente al guía-.
_ Waooo… -dijo Alice sorprendida-. Dios, mira la jaula y mira el pichón…

Me molesté en serio con Alice.
_ ¡Alice!... –grité fulminándola con la mirada, y ella levantó la mano en son de paz, y se acomodó para acostarse en el asiento y poner su cabeza sobre mis piernas-.
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Corríamos rumbo a Maryland. El auto iba en un total silencio, Alice se había dormido con la cabeza sobre mis piernas, yo jugaba con su pelo mientras miraba por la ventanilla, el hermoso paisaje. Mi mirada era necia, aunque me había propuesto no mirarlo, sin darme cuenta cada cierto tiempito, le miraba el perfil, su hermoso pelo. Ese lunar negro que tenia justo en el cuello, me encantaba. Y para mi sorpresa en par de ocasiones, me topaba con su mirada por el retrovisor. Me encantaba que me mirara de la manera que lo hacia a veces. Hicimos dos paradas, una para almorzar y otra para ir al baño. Me sentía tranquila, normal. Era de mucha ayuda que Edward no estuviera uniformado y que no andábamos con uno de los autos de la presidencia. Aunque si sabía que Edward estaba armado.
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Llegamos al fin a Maryland. La vista era hermosa, en algunas ocasiones había visitado a este Estado vecino de D. C. y me encantaba. 

Llegamos a la casa de la abuela de Alice como a las tres de la tarde. Era una casa algo acomodada de dos plantas. Nos estacionamos y nos desmontamos. No le di chanse a Edward que diera la vuelta y me abriera la puerta, cuando quise hacerlo, ya yo estaba desmontada, solo me regaló una mirada de advertencia.
_ Vamos…

Dijo Alice algo apurada, mientras caminaba rumbo a la casa. Yo caminé más despacio y Edward se puso a mi lado.

_ Por favor, Edward deja de estar pendiente en todo momento… nada me va a pasar aquí, son familia de Alice…
_ No me cohíbas de hacer mi trabajo…  recuerda quien eres…

Cuando me dijo eso, me provocó fulminarlo con la mirada y lo hice. Él solo enarcó una ceja. Lo ignoré y apresuré mi paso, dejándolo atrás. Si quería que recordara quien era, pues lo iba a hacer. Él sería solo un simple guardaespaldas.

Entré a la casa y ya Alice lo había hecho. Pero cuando yo lo hice, noté que en la sala de estar de la casa, habían más de 10 personas, los cuales giraron hacia mí en cuanto yo entré al lugar. Alice había empezado a saludar. Yo me quedé parada allí sintiéndome incomoda ante aquellas miradas de especulación. Giré sobre mi hombro, para ver a Edward parado justo en la puerta, de brazos cruzados, observándome fijamente, le retiré la mirada de mala manera.

_ Ven, Bella acércate….

Dijo Alice y ella al ver que yo no me movía fue hacia mí y me tomó de la mano acercándome al grupo, la primera que me saludó fue la madre de Alice quien como siempre me dio un efusivo abrazo.
_ Hola, pequeña, gracias por traer a mi hija, la muy tonta desbarató su auto ayer…

Yo abrí los ojos con sorpresa y miré a Alice, ella me sonrió con apuro.
_ ¿No te lo dije?... –dijo asombrada-.
_ Noooooo… -le dije entre dientes-. Hablaste de multa y de que te quitaron la licencia…
_ Dios!... –dijo ella preocupada-. Pero si me quitaron la licencia, porque choque al inepto policía… abusaron del poder…

Yo solo moví la cabeza negativamente.
_ ¿Cómo sigue su madre?... –le pregunté a la madre de Alice y ella sonrió con algo de tristeza-.
_ Ahora mismo el doctor está arriba examinándola… aparentemente mamá está algo depresiva y eso no la ayuda con la presión…
_ En cuanto salga el doctor iré a verla… -dijo Alice-.
_ Eso le hará muy bien… -dijo uno de los señores que estaba sentado en la estancia-. Doña Raquel en cuanto sabe que estas aquí se anima mucho…

Alice sonrió. Vi a la madre de Alice mirar de reojo a Edward y saludarlo con la mano.
_ Permíteme presentarte a mis tíos, Bella…

Dijo Alice mencionándome cada nombre, eran 3 hombres y 5 mujeres. Todos me miraron y me sonrieron.
_ Ella es mi mejor amiga, Bella… -dijo Alice-.
Y para mi desgracia la madre de ella continuó.
_ Es Isabella Swan, la hija del Presidente de los Estados Unidos…

Yo tragué en seco. Uno de los hombres sonrió.
_ Lo sabía… -dijo parándose y extendiéndome la mano con un saludo, no me quedó de otra que sonreírle-. Desde que entraste por esa puerta sabia que te había visto antes, pero si eres un niña… y muy hermosa…

Sonreí algo incomoda y todos los que estaban sentados se pararon e increíblemente hicieron una filita para los hombres darme la mano y las mujeres darme un beso y un abrazo, yo miré de reojo a Alice y esta me miraba con la disculpa reflejada en su rostro. Me centré que aquellos eran la familia de mi mejor amiga y no salí con una de mis pachotadas.

1 hora pasó. Y agradecí al cielo y a todos los santos, cuando Alice me había llamado para subir a ver a su abuela. No soportaba a los hombres, los cuales hacían todo por mezclarme en conversaciones políticas y a las mujeres que me hablaban de la sociedad a la altura presidencial. Todas hubieran dado cualquier cosa por estar en el lugar de mi madre. Estaba a punto de vomitar cuando Alice me sacó de allí. Edward por más que Alice intentó que se integrara en la conversación, no lo hizo, se mantuvo apartado en todo momento, con su porte de seguridad. Ya ni lo miraba de lo enfadada que estaba.
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Gracias a dios que la Abuelita de Alice no se veía tan mal. A pesar de su edad, yo la veía algo fuerte. Ella en cuanto vio a Alice se emocionó y yo si me mezclé con ella, era tan agradable, ya sabia porque Alice le quería tanto. Estábamos hablando tan amenas que perdí la noción del tiempo hasta que escuché mi celular sonar en mi bolsillo trasero. Lo tomó, sin ver siquiera quien llamaba.
_ ¿Si?...
_ ¡¿Mierda es que acaso no piensas bajar de ahí?!... –gritó Edward del otro lado evidentemente molesto, Alice me miró ya que escuchó el grito a través del celular-.
_ Edward fíjate como me hablas… -dije en tono de advertencia-.
_ Te hablo como se me da la maldita gana, observa la hora… -dijo entre dientes-. Baja al auto…

Bufé y le cerré el teléfono muy molesta. ¿Qué atribuciones se tomaba?... odiaba su actitud de jefe… en otros tiempos le hubiera puesto en su lugar. Es que si fueran otros tiempos hasta me hubiera quedado a dormir, pero noooooo, yo de manera inconsciente estaba parándome de la cama y despidiéndome de la abuela de Alice.

_ ¿Nos vamos ALI?... –le dije al verla sentada, mirándome con una sonrisita burlona en la cara-.
_ No… me voy a quedar, mañana me regreso con mamá…
Fruncí el seño.
_ ¿Estas segura?... –no muy convencida-.
_ Si, anda, ve… Edward está furioso y que conduzca con cuidado, escuché a mis tíos esta tarde decir que se aproximaba una tormenta…

La miré en estado de shock.
_ ¿Y hasta ahora es que lo dices?... –me acerqué a la ventana con asombro y noté que ya el crepúsculo había caído, era increíble, el ambiente parecía algo denso-.

_ Quédense preciosa… -dijo la abuelita de Alice mirándome con dulzura-.
_ No. Está bien… mi nana infartaría si sabe en donde estoy…
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Me despedí de mi disque amiga y de su dulce abuelita, cuando baje, gracias a dios que solo quedaban dos señoras y la madre de Alice. Me despedí por encima de los ruegos de las señoras, quienes suplicaban que no me marchara. Salí de la casa y una brisa bastante fría golpeó mi cuerpo haciendo que me estremeciera de cuerpo completo. Yo solo llevaba una blusa, por lo que me abracé con mis propios brazos, mientras recorría el caminito para llegar a la calle, vi a Edward correr hacia mí y quitarse de camino su cazadora de piel negra, al llegar a mí, sin mirarme siquiera me la puso sobre los hombros, y se lo agradecí, mis dientes estaban a punto de castañear, Edward llevaba todavía una polera y encima una camisa de cuadros abierta, él con su brazo rodeó mis hombros y ambos acurrucados, trotamos hasta el auto. Él me abrió la puerta y yo casi me aventé al auto. Mi corazón martillaba fuertemente y sentía una opresión en el pecho que no me estaba gustando, como si se tratara de un mal presentimiento. No despegué los ojos de Edward hasta que entró al auto. Ambos nos frotábamos la mano.

_ Edward… -dije en un hilo de voz-. ¿Qué pasa con el tiempo?...

Él me miró con preocupación.
_ Estuve escuchando por la radio, que se aproxima una tormenta… -puso cara de duda-. Estaba pensando que era mejor que nos quedáramos… estaremos mas seguro en la casa…
_ ¿Una tormenta?...
_ Mucha agua, algo de brisa y tronadas… -dijo entre dientes-. “MAL TIEMPO”… -recitó como si yo fuera estúpida-.
_ Se que es una tormenta… -dije entre dientes-. ¿Crees que puedas conducir?...
_ Si apresuro un poco, y va que salgamos de Maryland antes de comience a llover…
_ Pues vamos…
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Edward conducía demasiado rápido, me tenia nerviosa y sin habla. Me vi en la obligación de llamar a nana y explicarle, creo que se puso mala. El agua comenzó a caer cuando ya teníamos una hora de camino. Pero el agua atacó sin compasión. Era tan fuerte que me solté el cinturón para pasarle la mano al cristal de adelante, no se veía nada. 
Miré con nerviosismo a Edward, quien había bajado demasiado la velocidad. Miré el reloj y eran las nueve de la noche. Dios estaba tan nerviosa.

_ Maldición!... –dijo Edward entre dientes dándole con el puño al guía-. Esto se está poniendo peor… -lo vi tratar de esforzar la vista-. ¡Ponte el maldito cinturón!...

Lo hice, mis manos temblaban, por lo nerviosa que estaba, y en ese preciso momento un camión de esos grandotes pasó a toda velocidad, provocando que el agua cayera con mas fuerza en nuestro cristal, y que Edward frenara de golpe, al no ver nada, yo por el sonido que hizo el agua en el cristal delantero del auto, pegué un fuerte grito, mientras me encogía en el asiento. Edward bajó más la velocidad y llevó su mano hasta la mía. Yo estaba  asustada, el torrencial del agua me tenía nerviosa, y el hecho de no ver nada al frente peor. Edward entrelazó su mano con la mía y me la apretó.

_ Tranquila… en cuanto vea algún sitio en donde podamos esperar que pase la tormenta lo haremos… ¿te parece?...

Yo atiné a mover la cabeza frenéticamente, diciendo que si. La verdad no quería que siguiera conduciendo, mis nervios y el mal presentimiento que tenía metido en el pecho, me estaba matando. Edward condujo por mas de 30 minutos mas, no es que había conducido mucho, si no que su velocidad era demasiado lenta. Mis ojos estaban abiertos como platos, es que no se veía absolutamente nada, solo que una lluvia en torrencial golpeaba el auto fuertemente.
Estaba tan preocupada que no me di cuenta cuando el auto se apagó de repente, noté que Edward con cara de preocupación lo orilló a un lado con la poca velocidad que tenia el carro. Lo miré con cara de póker y él ni me miró. Lo ví contrariado, noté como de manera repetitiva movía la llave en el encendido del auto, tratando de prenderlo y este solo se quedaba en el intento. Mi corazón comenzó a martillar rápidamente, mientras miraba a nuestros alrededor, y veía solo tiniebla y bastante agua. Estábamos parados en medio de la nada, por así decirlo.  Edward seguía intentando, mientras lo escuchaba maldecir por lo bajo.
_ ¿Edward que pasa?... –dije con miedo de escuchar en realidad lo que pasaba-.
_ Debió mojarse el ignición del auto…

Lo miré con la duda reflejada en mis rostro… ¿de que mierda me estaba hablando?... él lo notó porque lo ví colocar los brazos en el guía y colocar la cabeza sobre ellos, en el vivo reflejo de resignación.
_ ¿Qué quieres decir con eso?... –dije en un hilo de voz-.
_ Pues… -dijo sin mirarme, con la cabeza enterrada en sus brazos-. Que ha fallado la electricidad del auto… -giró su rostro para mirarme, yo lo miraba, mientras me aferraba del asiento del auto-. Aparentemente se mojó con algún charco y estamos jodidos… -dijo mirando a nuestro alrededor-.
_ Pero… ¿Qué vamos hacer?... –le dije asustada, la tiniebla me estaba dando pánico-.
_ Cállate, Bella… -dijo en su tono tan peculiar, lo miré con odio-. Necesito pensar…

¡10 minutos! Duró el señorcito pensando. Mientras yo temblaba de miedo en mi asiento. Es que no entendía lo que me estaba pasando. Sería que estaba paranoica. Pero mis ojos trataban de ver algo en la oscuridad, y algo no muy agradable. La calle estaba desierta, en lo que llevábamos allí estacionados, ni un alma había pasado… dios, en mi mente dibujé tantas escenas desagradables, estábamos expuestos, podía pasarnos cualquier cosa mala. El diluvio no cesaba, al contrario, parecía fortalecerse cada vez mas y parece que Edward también lo estaba pensando, porque lo vi quitarse el cinturón de seguridad. Mis ojos de espantos se giraron a él. Vi como se inclinó a la gavetita que estaba frente a mí, sacó una caja con cartuchos, sacando de su pantalón su arma de fuego. Yo lo miraba sin pestañar, mientras lo ví reforzar su arma con mas municiones, y se la colocó en el pantalón. Cuando terminó me miró fijamente a los ojos.

_ Necesito que cooperes… -yo no contesté, solo lo miraba-. El auto no va a prender… por lo que te pido que te quedes tranquila, sin moverte de aquí, mientras yo voy a conseguir ayuda…

Mi voz subió a más de dos octavas.
_ ¡¡¡¡¿QUÉ?!!!!....

Edward puso cara de sorpresa. Seguro lo dejé sordo. Yo lo miraba con cara de horror.
_ ¡¿Pretendes dejarme aquí sola?!...
_ Isabella no te estoy preguntando… -¿usó mi nombre completo?... ¿acaso pretendía intimidarme con su cara de enfado?... ¡Pues no!, no me iba a quedar sola en ese maldito auto, en medio de esa carretera y con ese diluvio-.
_ ¡Pues deberías!... –le grité molesta, con los ojos aguados a punto de derramárseme las lagrimas-. ¡Estás diciendo que me quede sola, en medio de la NADA!... ¿no se supone que tu trabajo es cuidarme?!...
_ ¡Maldita sea, es lo que trato de hacer!... –dijo explotando como si descargara toda su frustración conmigo-. ¡¿Quieres aventarte afuera con ese jodido diluvio que está cayendo, seguro que enfermarías?!...
_ ¡No me importa, no pretendo quedarme SOLA en este auto, en medio de la nada!... ¡moriría del miedo!...
_ Voy a venir lo mas pronto posible… -dijo entre dientes, mientras se sujetaba por un momento el puente de la nariz-.

Al darme cuenta de que Edward no iba a cambiar de opinión quise morir, a veces se comportaba tan impenetrable que me dolía, su forma severa y decidida de mirarme, solo me acuerda aquel día en que besé a Jacob en su presencia y él siendo nuevo en su puesto, no le importó enfrentarme, a tal punto, que en un momento, llegué a pensar que me agrediría, allí estaba esa actitud autoritaria en él, lo podía ver en sus ojos y en su postura, y mi ataque de nervio explotó, me tapé la cara con ambas manos, mientras empecé a llorar como una niña, era una estúpida, pero la verdad no aguanté, mis gemidos por el llanto se escuchaban en el silencioso auto. Estaba tan arrepentida de haber venido a Maryland, de haber esperado tanto tiempo para regresar. Y ahora venia la razón por mi mal presentimiento… lloraba y lloraba, hasta que lo escuché susurrar.
_ Bella… solo no quiero que vayas a enfermar…
_ Y yo no quiero que me abandones, Edward… -dije llorando, mi voz a penas se entendía, sentí sus manos apartar delicadamente las mías de mi cara, lo miré, él me miraba fijamente a los ojos, mientras delicadamente con sus dedos trató de retirar las lagrimas de mis mejillas-. Llévame contigo, por favor… te lo ruego…

Lo ví suspirar y mirarme con preocupación. Sabia que se estaba debatiendo si dejar que lo acompañara o no.
_ Está bien… -dijo y una sonrisa de triunfo se dibujó en mis labios, él enarcó una ceja mientras me miraba inquisitoriamente-. Eres sumamente terca… menos mal que traes botines… -dijo mirando mis zapatos-. Toma mi cazadora para que te la tires en la cabeza… -torció la boca en una mueca mientras susurraba un “te vas a empapar como quiera”-. Y caminarás lo mas rápido que puedas… si vamos a encontrar algo debe ser lo mas rápido posible…
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No quiero ni mencionar el choque que recibió mi cuerpo en cuanto me aventé fuera del auto… Edward aseguró su auto y tomándome de la mano empezamos a caminar debajo de la lluvia. Estaba sumamente empapada, todo estaba bastante oscuro, y mis nervios estaban a flor de pies, al menos el estar con Edward me daba un poco de tranquilidad. Nuestros pasos eran apurados y por ende me estaba cansando. La chaqueta terminé por quitármela de la cabeza y ponérmela, la verdad no me estaba guareciendo del agua y en cambio me estaba muriendo del frío. El agua estaba helada. Edward llevaba su polera y su camisa de cuadros encima. Él parecía un pollito mojado. Estaba tan hermoso. No era momento para pensar en eso. Estaba cansada, pero no se lo demostré a Edward, porque la verdad, quería demostrarle que no era una carga. Lo que si me tenia podrida, es que no dábamos 15 pasos sin que el me preguntara un “¿estas bien”… ¿estas cansada?... ¿puedes continuar?... ¿estas bien?... ¿estas cansada?... ¿puedes continuar?... ¿estas bien?... ¿estas cansada?... ¿puedes continuar?...” estaba tan harta que ya no le contestaba con un “si” “no”. Solo movía la cabeza positivamente y negativamente. No llevaba el tiempo contado, pero no se si habíamos caminado 10, 15, 20 ó 30 minutos, solo se que cuando divisé una luz en el camino, supe cual era la sensación de encontrar un OASIS en el desierto. Frené mi caminar de golpe, y una sonrisa se dibujo en mis labios.

_ ¡Edward!... –le grité indicándole el lugar con el dedo índice, vi que en sus labios se asomó lo que era una sonrisa-.
_ Vamos… -me tomó de la mano nuevamente obligándome a caminar mas de prisa-.

Cuando nos acercamos al fin. Sonreí. Al ver de qué se trata, era un hotel de paso.
Yo lo admiré asombrada. ¿Qué hacia ese lugar en medio de la nada?... lo mismo que haría un Oasis ¿verdad?... sonreí y Edward y yo entramos al local. Cuando el agua dejó de golpear mi cuerpo, sentí que era el frío lo que me estaba golpeando en ese momento. 

Miré a Edward y si que estaba empapado. Nos guarecimos debajo del techo y el agua caía de nuestros cuerpos de manera abundante, dios me miré de pies a cabeza, mi cabello suelto se me pegaba a la cara






 Edward también tenía el pelo mojado. Entramos al hotel, todos los ojos allí presentes se giraron hacia nosotros, pero la actitud de Edward me sorprendió, este me tomó de la mano y me puso detrás de su espalda, como si tratara de esconderme con su cuerpo. Yo sentía que me estaba congelando. Nos acercamos a la chica rubia que estaba detrás del mostrador. Yo miré para el suelo y por ningún concepto levanté la mirada. Mis labios temblaban y mis dientes estaban a punto de castañear. Me abrazaba lo más que podía a mí misma. Escuché a Edward explicarle a la chica lo sucedido con el auto. Ella le decía que con el torrencial que estaba cayendo era imposible que alguien se arriesgara a salir a ayudarlo con el auto. Sentí que Edward se inclinó sobre el mostrador, para susurrarle que necesitaba que nos ayudara y ella solo contestó que de la única manera que podía ayudarnos era rentándonos una habitación para que descansáramos y esperáramos que pasara la tormenta.

SILENCIO.
Eso fue todo lo que vino con la respuesta de ella. No me atreví a levantar el rostro, porque en ese momento lo único que sentía era que mis huesos estaban a punto de congelarse.

_ Bueno… -escuché que Edward dijo entre dientes-. Al menos réntenos dos habitaciones, una para la señorita y una para mí…
_ Lo siento, señor… -dijo la chica amablemente-. Pero es que estamos full, con la tormenta hemos recibido bastantes turistas de paso… solo podemos rentarle una…
_ ¿Acaso no sabe a quien le está negando una maldita invitación?...

Dijo Edward furioso, yo sin entender su actitud, levanté mi mirada de golpe, porque sabia que iba a terminar diciendo que era la Hija del Presidente. La chica también lo miraba sorprendida.

_ Edward… -le susurré y él giró para mirarme, su cara era de suma preocupación y enfado-. No quiero quedarme sola… no importa, podemos compartir la habitación…

Él me miró sin pestañar. Yo miré a la chica, ya que él parecía estar en shock.
_ Señorita, por favor, facilítenos la habitación… me estoy congelando… -dije mientras sentí que mi cuerpo se estremecía un poco-.

Ví que Edward me miró con duda. Y verificó el lugar. No era un sitio malo, pero igual no era de los que me acostumbrara a quedar. Aquí se quedaba simplemente cualquiera y me daba mucho miedo. Dios, en una maldita cobarde me había convertido. En este momento solo necesitaba un poco de agua caliente.

_ Puede dejar su tarjeta de crédito, señor… -dijo la chica ya sin ser tan amable, mientras le extendía una tarjeta, Vi que Edward saco de su cartera algo y se lo puso en el mostrador, y tomó una tarjetita que supongo era la llave de la habitación, ella nos refirió que tomáramos el pasillo hasta el fondo, dobláramos a la derecha en donde nos íbamos a encontrar con unas escaleras y en el segundo piso a mano izquierda, Edward sin emitir palabra alguna, me tomó de la mano, desprendiéndome del piso. Caminamos por el pasillo algo oscuro, yo me pegue a Edward como un chicle. Y subimos unas escaleras, cuando llegamos a la habitación que indicaba la tarjeta, Edward la introdujo y la puerta se abrió, Edward me permitió pasar primero y al entrar observé detenidamente el lugar. Gracias a dios no estaba tan mal.

Afuera se escuchaba el diluvio. La habitación era pequeña, tenía una cama, bien arregladita y una puerta que supongo era el baño.
_ No está mal… -escuché que dijo Edward-. Nos quedaremos hasta que se calme la tormenta, a ver si puedo encontrar a alguien que nos ayude con el auto…
_ Bien… -dije, me sentía incomoda, porque ambos teníamos la ropa adherida a nuestro cuerpo, por lo mojados que estábamos y el frío era terrible-. Me iré a echar un poco de agua caliente… la necesito…
_ ¿Puedes quedarte un momento sola?... –dijo mirándome con preocupación-. Debería ver si resuelvo lo de la ropa… estás muy mojada…
_ No te tardes… -fue lo único que le pedí-.

Maldije cuando solo llevaba 5 minutos bañándome y el agua se enfrió, ¡estaba helada!. Salí maldiciendo y me sequé con una toalla, que mas parecía ser de mano, por lo pequeña que era… dentro del baño traté de secarme lo mas que pude el pelo con la toalla, porque ni siquiera tenían un secador de pelo. ¡Dios!... me cepillé los dientes, al menos tenían un set nuevo para el aseo personal. (Pasta de dientes, un juego de cepillos, jabones de fragancia y shampoo para el pelo). Menos mal que no me había puesto maquillaje en la mañana, no andaba con cremas, ni nada. ¿y ahora que se suponía que iba a hacer?. Miré mi ropa, que aun seguía empapada sobre una silla en el baño. Miré la toalla, era tan diminuta. Y me senté sobre la tapa del retrete. Y allí me quedé. No se ni por cuanto tiempo. Hasta que escuché unos nudillos llamar a la puerta, me paré de golpe.

_ Bella… -dijo Edward del otro lado-. No hay tiendas ni nada… esto es un maldito fiasco… -dijo y noté por su tono que estaba sumamente molesto-. Solo he conseguido que me facilitaran unas batas de toallas, Te dejo una en la puerta para que te la pongas… Puedes abrir y acostarte en la cama, estaré en el balconcillo-.

No dije nada y él tampoco volvió a hablar. Al cabo de unos minutos, abrí lentamente la puerta y tomé del pomo la bata de toalla y volví a cerrar.

La levanté en mis manos y la observé, 
me tenía que poner esto sin ropa interior debajo, dios que maldito problema. Esto estaba mal, muy mal, ¿dios por qué me haces esto?... terminé por ponérmela, y amarrarme lo mas fuerte posible el lazo en la cintura, el maldito baño ni siquiera tenia un espejo, para ver que tan presentable estaba. Salí del baño y el frío que había en esa habitación me golpeó como si fuera una cachetada. Dios mi cuerpo se estremeció, por lo que yo misma me abracé lo mas que pude, pude notar que la cama ya no tenia la frazada, miré el balconcillo y pude notar que la puerta de cristal estaba semi abierta, las cortinas eran movidas fuertemente por la brisa, el agua se escuchaba caer con una fuerza increíble. Estaba descalza, el piso estaba tan frío que mis pies me dolían, unos calcetines hubiesen sido la gloria, preferí caminar de puntilla, la verdad mi pelo no ayudaba a calentarme, estaba húmedo. Caminé hasta la puerta de cristal y me detuve al ver a Edward sentado en un banquito, con la frazada en sus hombros cubriéndose, del cuello hasta abajo, estaba muy encogido, abrazaba sus propias piernas, mientras se frotaba fuertemente las manos.

_ Edward… -dije y mi voz tembló un poco, dios no podía creer que mis dientes estaban a punto de castañear-.

Él giró la cabeza de golpe, cuando escucho mi voz y ambos nos miramos.

_ Isabella, entra… -ordenó y noté que él también estaba muerto del frío-.
_ ¿Qué haces acá afuera?… te va a dar una hipotermia…
_ Olvídate de mí… y anda a acostarte…
_ ¿Te quedarás acá afuera?... –dije con asombro, ¿Qué rayos le pasaba?-.

Por más que pareció disimularlo, vi que sus ojos me tiraron un vistazo de abajo a arriba y luego susurró un: “lo prefiero”.

Yo salí al balcón y mi cuerpo recibió un fuerte latigazo. El frío era increíble. ¿Acaso estábamos en la Antártida?.

_ Bella vas a enfermar, por dios… ¡No seas necia y entra a la maldita habitación!... –dijo sumamente molesto-.
_ No, si no lo haces tú…

Dije de manera caprichosa, mientras me cruzaba de brazos, él me miró fijamente, era inevitable que no se diera cuenta que mi maldito cuerpo estaba temblando. Lo ví pararse de manera brusca, y tomándome del brazo, me entró, dándome un jalón, yo lo miré molesta.
_ ¡Eres un maldito bruto!...

Él me ignoró mientras cerraba con un golpe contundente la puerta de cristal del balcón… ¿pensaron que el frío se iba a mortiguar?... pues noooo.

_ Échate a la cama… -me ordenó mientras se quitaba la frazada de su cuerpo y mis ojos se habrían como platos cuando vi sus hermosos pectorales al aire libre… ¡estaba sin camisa!... solo llevaba puestos sus jeans, los cuales seguían empapados y pegados a sus piernas!. … él me extendía la corcha-. Cúbrete… que te estás poniendo morada…

¡Que maldito cuerpo tenia ese tipo!... dios, Edward Cullen era perfecto… o más que eso…

_ ¡Isabella!... -con su grito me obligó a mirarlo a los ojos, tomé la corcha. Y me dirigí a la cama. Dios. mi corazón estaba a un ritmo fuera de lo normal. Era increíble que a pesar del frío que estaban sintiendo mis huesos, sentía algo de calor dentro de mí.

Me obligué a quitar la sabana de la cama, dejándola, sola en el cubre cama y rápidamente me acosté, cubriéndome con la sabana y luego con la corcha. Edward me miraba fijamente. Yo me aovillé lo más que pude, con mis brazos, abrazaba mis piernas, dios que maldito frío, miré a Edward y este me seguía mirando fijamente. Sabía que tenía frío. Su pelo seguía húmedo, con sus pantalones mojados, no debía estar nada mejor que yo.

_ Edward… -dije mientras mis dientes castañeaban-.

Él rápidamente se acercó a mí. Y mientras se acuclilló a la orilla de la cama, me puso la mano en la frente, gemí por lo frías que estaban.
_ Mierda… -dijo mientras examinaba mi rostro con preocupación-. Te estas congelando… Isabella estas morada…

Yo hice un intento por sonreír, pero mi cuerpo comenzó a estremecerse sin poder contenerlo. Edward abrió los ojos alarmados.

_ ¡Maldita sea!... –dijo parándose bruscamente del suelo, y verificando y “confirmando” que todas las ventanas estaban cerradas-.

Yo no me movía sola, mi cuerpo se comenzó a convulsionarse suavemente, mis huesos me estaban empezando a doler y mis dientes los estaba presionando fuertemente para que mi castañeo no fuera tan evidente. Vi a Edward mirarme alarmado.

_ ¿En este maldito lugar no tienen un jodido calefactor?... iré a averiguar…

Sin darme chance a nada, salió de manera apresurada de la habitación. Y para cuando quisiera regresar me iba a encontrar como un capullo, envuelta en sabana y frazadas hasta la cabeza. Dios!!!. El frío era increíble, el sonido de la brisa golpeando las ventanas y la puerta de cristal, me estaba torturando y que decir de la lluvia, que caía tan fuerte que sonaba aterradora. Mi cuerpo estaba temblando y Edward nada que llegaba. Y lo que me faltaba, un maldito relámpago calló tan fuerte, que imaginé que debió haber caído al lado de mi cama. Eso si era de muerte. Los odiaba. Volé de mi posición, olvidando el frío y cuando de manera temblorosa fui a pararme de la cama, unos brazos me lo impidieron.

_ Tranquila… -me dijo Edward y presumí que acaba de entrar y corrió hacia mi, cuando vio que yo me paraba asustada, porque había dejado la puerta abierta-.
_ ¡Edward!... –grite desesperada llorando-. ¡Quiero regresar a la casa blanca, no quiero estar en este lugar!...
_ Shhhh, tranquila… -dijo abrazándome-. Tranquila… -dijo mientras volvía a inclinarme en la cama, para que me acostara-.
_ ¿Y el calefactor?... –dije mirándolo con dolor, él hizo una mueca de frustración-.
_ No saben lo que es eso… -fue lo que contestó y yo sabia que estaba muerta-. Dame un segundo… -dijo él mientras me cubría con la frazada y se dirigió nuevamente a la puerta para cerrarla y asegurarla con un pestillo, era increíble, Reneé me mataría si se enteraba que estaba en un lugar como este-.

Lo vi sacarse el arma de fuego del pantalón y colocarlo en una de las mesitas de noche.
_ ¿Edward vamos a morir?... –dije muy preocupada y él me miró dejando salir aquella sonrisa que tan hermosa sabia sacar-.

Me contestó al mismo tiempo que lo ví llevarse la mano al cinturón.
_ Haremos lo posible para que no sea así…

Abrí los ojos como platos al verlo quitarse el botón del pantalón y frente a mis ojos comenzar a bajarse el pantalón.

_ ¡¿Edward que mierda estas haciendo?!...

Le grité al ver los hermosos boxer que llevaba puesto. Mierda, había dicho que haríamos lo posible por sobrevivir… ¿es que quería matarme?...

Se quitó los pantalones y yo no podía dejar de verlo como la gran estúpida que era. Edward quedándose solo, con ese maldito boxer, que le quedaba de muerte, me quitó la sabana, mi cuerpo se tensó por completo cuando sentí que el cuerpo de Edward tuvo contacto con mi piel por debajo de las sabanas. Sin duda alguna iba a morir.        
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PERDON POR LOS TANTOS CAMBIOS DE COLORES EN LAS LETRAS. SIMPLE FALLAS...

GRACIAS POR SEGUIR MI HISTORIA...
¿QUE CREEN DEL CAPITULO?... !NO VAYAN A MATARME!... SUS OPINIONES SON MUY IMPORTANTE PARA MI, GRACIAS POR COMENTAR...

AGRDECIMIENTOS ESPECIALES PARA CAMI, SABICHAN,  PRISGPE, VALE Y ANTAREZ. Gracias chicas por tomarse su tiempo en dejarme saber que les parece la historia... y quiero comentarles algo, y es que no se como mandarle el adelanto personalizado que le hago a todas las chicas que me dejan sus comentarios, por el blog. si tienen cuenta por FF, pueden hacermelas saber para mandarle el adelanto. las quiero mucho y besos y abrazos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Capitulo XVI.

DIFERENTE.

Bella Pov.

Sentía que mi cuerpo se estaba descontrolando, sentía un calentón en mi cuerpo que no podía con él. Era una sensación tan nueva en mi, la forma en que Edward me besaba y movía suavemente sus manos en mis caderas, estaba provocando un cosquilleo bastante agradable en mi entre pierna. No lo pude resistir, me acomodé a horcajadas sobre él haciendo que él quedara con la espalda en el piso, y se levantara un poco. Coloqué ambas piernas a ambos lados de sus caderas, haciendo que mi centro, cubierto por mi ropa, (cosa que odié tanto en ese momento) quedara justo sobre su miembro, quería sentirlo, estaba sumamente caliente, y la verdad Edward, era la única persona que me hacia olvidar mi maldita desgracia, las manos de Edward se aferraron a mis caderas, las aferraba bastante fuerte, pero igual no me dolía, era como si él, no quisiera que yo me moviera sobre su miembro, nuestros labios seguían en una danza acelerada, nuestras lenguas se saboreaban como si con ello podíamos saciar nuestra necesidad, porque si, sentía que Edward también estaba algo necesitado, acaricie sus fuertes hombros con mis manos, y las subí lentamente por el cuello, mientras a pesar de la fuerza que aplicaban sus manos en mi cadera, me removí sobre él, provocando una fricción en nuestros sexos, dios estaba tan duro, a pesar de sus pantalones lo sentí y Edward soltó una de sus manos de mis caderas para aferrarla en mi espalda, con una mano apretaba con algo de desesperación mi cintura, 
y la otra la subía por mi espalda, causándome miles de sensaciones, era bastante increíble el cosquilleo que empezaba en mi estomago y se albergaba en mi parte intima. Con la palma de su mano abierta me presionaba mas hacia él, con una caricia suave en mi espalda, la fue subiendo hasta que llevó su mano por mi nuca, empujando mas aun sus labios sobre los míos, abriendo mas la boca sobre la mía, su respiración estaba tan agitada como la mía, dios quería mas de él. El contacto de su lengua con la mía era extremadamente sensorial, estaba albergando una sensación difícil de explicar, quería sentir su piel, quería sentir que me acariciara con sus manos, con sus labios, con todo su cuerpo, nuestras respiraciones estaban entrecortadas, nuestras manos, se movían y se apretaban cada vez más en nuestros cuerpos, como si solo estuviéramos tratando de saciarnos con besos y caricias por encima de nuestras ropas. Dejó de besarme la boca, para seguir con sus besos húmedos en mi cuello, yo incliné la cabeza, dándole mas espacio que besar, y así aprovechando la oportunidad de llenar mis pulmones de aire, en unos segundos, sus labios fueron nuevamente a los míos, introduciendo nuevamente su deliciosa y húmeda lengua en mi boca, una de mis manos se fue hacia su pecho y la otra a su cara, acariciando suavemente aquello que quedaba al alcance de mis dedos, sentía nuestro beso, en cada terminación nerviosa de mi cuerpo, tenía burbujas de felicidad en mi estomago, las cuales oprimían mi pecho buscando una  salida, un hormigueo en mi espina dorsal que recorría hasta mi nuca, su lengua jugaba con la mía y se unían como una sola, sus manos recorrían mi espalda por encima de la polera, despertando miles de sensaciones en mi cuerpo entero. Nos despegábamos un poco, solo para tomar aire, lo cual era necesario. Yo estaba sintiendo que perdería la cabeza, ya que solo quería tenerlo más cerca de mí. Me empuje a él un poco mas, para provocar una fricción en nuestros centros, que tal vez podía calmar un poco mi necesidad, pero al hacerlo, lo que conseguí fue volver a sentir, lo duro que estaba. Noté que él se estremeció al sentir que me froté sobre su miembro, yo por el contacto solté un pequeño gemido involuntario. El desasosiego que sentía en mi entrepierna se intensificó de manera sobrenatural, a tal punto que sentí la humedad abandonar mi centro. Aquello me iba a matar. Edward soltó mis labios y llevó los suyos hasta mi cuello-.

_ Edward… -jadee su nombre con un suspiro y de inmediato me arrepentí-.

Ya que sentí como Edward se tensó a tal punto, que de manera lenta, muy lenta fue apartando sus labios de mi cuerpo. Yo seguía con mis manos enredadas en su nuca, en sus cabellos tan sedosos. Edward unió su frente a la mía y nos quedamos unos segundos tratando de tranquilizar nuestras respiraciones. 

Luego de un minuto, él volvió a colocar sus manos en mi cadera, ambas a cada lado, pero esta vez, solo para, con delicadeza, quitarme de encima de él. Me colocó en el suelo, en donde yo algo descolocada, lo vi ponerse de pies. Desde el suelo lo miraba. Mi respiración aun no tomaba su ritmo normal.

_ Edward… -susurré, pero él sin mirarme salió a pasos muy grandes del baño-. ¡Edward no!...

No quería que se fuera de mi lado, por lo que rápidamente me puse de pies y corrí hacia mi habitación. Llegué al marcos de la puerta del baño, salí justo en el momento, para ver que la puerta de mi habitación estaba abierta de para en par y Edward tomaba el pomo de la puerta y la cerraba, quedándose dentro de la habitación y de espalda a mí. Mi respiración seguía agitada, mi alma había abandonado mi cuerpo, estaba frisada mirándolo fijamente. Él lentamente se giró y desde allí, tan lejos de mí, lo vi mirarme fijamente a los ojos.

_ Edward… -susurré con la voz quebrada-.

Sabia por su rostro que se estaba atormentando, sabia que estaba tratando de buscarle respuesta a lo que estaba pasando entre nosotros. Y yo temí a la actitud que fuera a tomar. Porque sin duda alguna yo me estaba enamorando de él y era capaz de luchar contra la corriente, con tal de permanecer a su lado. No me importaba nada, solo él. Y si él no me quería estaba dispuesta, a luchar hasta con él mismo, si era necesario.

_ No te vayas… -le dije en un susurro sin apartar mi mirad de sus esmeraldas, estaba tranquila porque al menos no me estaba mirando de manera fría-.  

Lo vi caminar hacia a mí y pararse justo a mi frente, guardando distancia entre nuestros cuerpos, ambos nos mirábamos a los ojos.

_ Esto no va a parar bien, ¿lo sabes?... –dijo entre dientes-.
_ Y no me importa… -le contesté-.

Lo vi cerrar los ojos como si estuviera molesto. Y volver a mirarme después de unos segundos. Y haciendo que desapareciera el espacio que había entre ambos, lo vi acercarse a mí y mirar mi mejilla, en donde mi madre me había golpeado. Lentamente llevó su mano derecha a mi mejilla y la acarició con sus dedos tan delicadamente que cerré los ojos ante su contacto, sentía su respiración golpear mi cara, su aliento colarse por mi nariz, y solo logré llenar mis pulmones de aire.



_ Lo siento… -él susurró y yo abrí los ojos de golpe para levantar mi mirada y verlo a los ojos-.
_ ¿Por qué?...
_ NO debió tocarte… -dijo algo tenso-. No debí permitir que te tocara… -bufe dejando salir una sonrisa-.
_ No me dolió, Edward… no le dí la minima importancia, mamá simplemente es así…

Él frunció el seño.
_ Entonces… ¿Por qué saliste de esa manera?...
Tragué en seco. Él continuó al ver mi silencio.
_ Estabas llorando… estabas mal… -dijo mirándome fijamente-.
_ Pensé que… después… del beso de anoche… las cosas iban a cambiar entre nosotros… prometiste buscarme a casa de Alice…  y no fuiste… y para el colmo, me recibes con esa mirada tan fría… odio que me mires de esa manera… es como solías hacerlo cuando nos conocíamos… -dije en un susurro-.
_ Dios… -dijo Edward exasperado-. Bella… debo irme… Emmet quiere arreglar unas cuantas cosas antes de irse a Londres…

Abrí los ojos como platos. ¿Edward también se iría?...
_ ¿Tú también te vas?... –dije con un nudo en la garganta-.
_ No… me quedaré contigo…

Sonreí aliviada y él me miró con una nota de picardía en los ojos.
_ Prométeme que te quedaras tranquila…
_ Te prometo todo lo que quieras… -dije ante mi evidente felicidad-.

Y ambos nos sonreímos. Edward se acercó a mí y besó mi coronilla lentamente, mientras olfateó mi pelo, antes de girarse y marcharse de mi habitación. Y yo me quedé viendo la puerta cerrada, por la que se había ido segundos antes Edward, con una cara seguro, que de idiota y felicidad. Dios sentía un entusiasmo nuevo, sentía que mi vida iba a tomar un rumbo diferente, veía mi vida de manera diferente… me dejé caer en mi gran cama de espalda y mirando el techo me eché a reír, mientras con mi mano acariciaba mis labios, cerré los ojos para recordar sus besos, sus caricias, dios… si no fuera la hija del presidente, jamás hubiera conocido a Edward, suspiré entusiasmada, mientras le daba gracias a dios, por haberlo cruzado en mi camino. Estaba feliz!...
_ Juré que te encontraría llorando… -me espanté, sentándome de golpe en la cama, pero al ver a mi nana, parada justo en la esquina de la cama, mirándome de brazos cruzados, yo le sonreí, mientras como una niña me ponía de pies, y corrí hacia ella y la abracé sorprendiéndola con el acto-.
_ ¡Nana, estoy tan contenta!...

Nana sonrío mientras también me abrazaba.
_ Dime algo que no sepa, pequeña… -dijo con cariño-.

Yo me aparté de ella, y la tomé de la mano, para sentarla junto a mi en la cama, ella con una sonrisa me miraba con duda.
_ A ver… pensé que estarías triste por no viajar a Londres con tus padres…
_ Lamento no ir a ver a los abuelos, pero…
_ ¿Qué están haciendo?... –soltó mirándome con preocupación, yo la miré con duda-.
_ ¿Qué…
_ Bella… hace unos minutos, entré a esta habitación en cuanto supe del altercado que tuviste con tu madre, y al no verte acá me preocupe, iba a salir, cuando… escuché un jadeo… -mi corazón se detuvo y la sonrisa se borró de mi rostro-. Fui al baño y los ví…
_ Nana…
_ Dios, mi niña… ¿Qué rayos vas a provocar ahora?... se que quieras provocar a tu madre, pero no me parece justo que…
_ ¡NO!... –le grité horrorizada, mientras me paraba de la cama y me alejaba de ella furiosa-. ¡Ni lo digas, nana, porque no es así!... sería incapaz de utilizar a Edward para enfurecer a mis padres… -nana me miraba fijamente como si tratara de leerme-.
_ Bella por dios… ¿no te imaginas en el problemón que se van a meter si continúan con esto?... ¿Imaginas que en vez de yo, los hubiera visto otra persona?... pero es que de no llegar yo, hubieran hecho el amor en ese mismo piso…

Yo la miré como si le hubiera salido otro ojo en el rostro. Recordé de inmediato la reacción de Edward ante mi jadeo, al menos eso fue lo que pensé en ese momento. Me puse colorada como un tomate.

_ ¿Él te vio?...
_ Por supuesto que me vio, cuando me paré en el umbral de la puerta él me vio. Yo solo me gire y me fui…

Entonces comprendí porque Edward había venido a cerrar la puerta, una sonrisa se dibujó en mis labios.
_ Nana… -le dije acercándome a ella y acuclillándome frente a ella, ya que ella estaba sentada, la miré a los ojos-. Edward me gusta, me gusta mucho… creo que me estoy enamorando de él…

Nana se llevó ambas manos a la cara.
_ Padre santo, esto está completamente jodido…

Yo me eché a reír, no aguantaba mi felicidad y me daba gracia escuchar a nana con semejantes palabrotas, no era normal en ella expresarse así.
_ Mi corazón… -dijo ella mientras me acariciaba mi mejilla con ternura-. Daría cualquier cosa porque no borraras esa carita de alegría que llevas, que esos ojitos mantuvieran ese brillo tan hermoso que llevas ahora… pero… -me miró con preocupación-. Tal vez sea por tu juventud que no miras más allá del momento… Edward también es muy joven y no sabe en el problema que se esta metiendo…

Yo me molesté y me puse de pies, fulminándola con la mirada.
_ ¡Yo no tengo la culpa de esto!... ¡¿es que acaso también será un fracaso el enamorarme?!... no me importa, nana, no me importa nada… por mi, mis padres pueden irse al infierno… si Edward llegara a sentir por mi, lo que yo estoy sintiendo por él, no me importaría nada más…

Vi a nana suspirar y mirarme con tristeza, mientras se ponía de pies.
_ Bueno, mi niña… será mejor que te des una ducha, yo voy a mandar a Jessica con algo de comida, seguro que no has comido nada… y supongo que tus padres querrán verte antes de irse.
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La obedecí, esperé que Jessica llegara con una bandeja de comida, de la cual comí un poco, luego, me entré a bañar y salí de allí, dispuesta a agradar a mi madre, porque la verdad debía admitirme a mi misma que, era la primera vez que me separaba de mis padres, ellos siempre me llevaban consigo a todos sus viajes, sin importar a donde, yo los acompañaba a regañadientes, pero igual, siempre permanecíamos juntos.
 Me subí al ascensor, con las sinceras intenciones de despedirme de mis padres. Cuando la puerta del ascensor se abrió en la estancia de la primera planta, pude ver la puerta de la casa abierta y unos oficiales terminando de salir, con las maletas, para fuera de la casa. Apresuré el paso, mientras no creía lo que veía… ¿se iban sin siquiera despedirse de mí?... vi a Jessica y a Tanya, en la estancia limpiando, cerraron la puerta y yo me acerqué a uno de los grandes ventanales, corrí un poco la cortina, para ver el gran aparataje de siempre, frente a la casa, estaban las dos motocicletas con oficiales vestidos de negros, atrás un auto negro, de segundo el de mis padres, y detrás de este, como tres autos mas, noté que Emmet le tenía la puerta de atrás abierta a mi padre, quien se montó sin siquiera mirar para atrás, y Emmet después que él entró, cerró la puerta. Se giró para el ventanal en donde yo estaba, levantó la mano y me sonrió con cariño diciéndome adiós, yo levanté mi mano, mientras también le dije adiós, Emmet se montó en el asiento del copiloto y cerró, de manera inmediata la caravana de autos arrancó rápidamente rumbo al aeropuerto privado. Y yo allí parada, tras el cristal de aquella casa, los ví marchar rumbo al portón principal.  

No se que tiempo duré allí en la misma posición, me espanté al escuchar aquél susurro cerca de mi espalda.
_ ¿Se encuentra bien, señorita Swan?...

Giré de golpe, para ver a un Edward vestido bastante formal. Allí mirándome con suma preocupación en los ojos, yo le sonreí, era bastante extraño que el solo echo de verlo frente a mí me hacia sentir mejor.
_ Si…
Él me regaló una hermosa sonrisa. 
lo vi mirar de reojo a Jessica y a Tanya, las cuales disimulaban muy mal, estar despolvando, por que sus miradas indiscretas nos miraban a nosotros dos, Edward sin dejar de sonreír, volvió a mirarme y me habló bajito.
_ ¿Qué le parece si se pone algo mas cómodo?... yo haré lo mismo y salimos a dar una vuelta… -me sonreí, mientras fruncía el seño con duda-. Solo nosotros dos…
_ No me tardo… -le susurré regalándole una sonrisa amplia, e inicié mi paso hacia el ascensor, y al pasar al lado de él de manera intencional rocé su mano con la mía, me sonreí pícaramente y me fui-.
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Me ví poniéndome las ropas que tanto me gustaba usar. Con la que iba con mi gusto y personalidad. 

Estaba poniéndome un poco de brillo labial, cuando escuché mi celular darme un aviso de un mensaje. Lo tomé del buró y lo leí.

espero por ti en el sótano”

Sonreí y tomé mi celular y lo metí en el bolsillo del suéter y salí casi corriendo fuera de mi habitación.
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Al salir del ascensor, caminé para ver el volvo negro estacionado al lado de mi auto y con un tremendo ángel, pensativo, recostado de él. Frené mi caminar de golpe, para observar aquel hombre tan hermoso, y cuando levantó su mirada del suelo y me miró. Quise morirme. Dios, ere hermoso, él se sonrió e inició su caminar hacia mí. 



El estaba tan casual como yo, unos pantalones negros, polera azul clara y una camisa verde abierta, con las mangas remangadas hasta los codos, su pelo alborotado como siempre. Al llegar a mí, me sonrió mientras me miraba a los ojos.

_ ¿A dónde quiere que la lleve?...
Sonreí al notar, que me hablaba de “usted”. Y sonriéndole me alcé de hombros.
_ Usted es mi Oficial de seguridad, supongo que sabe a cuales sitios puede llevarme… -dije con ironía-.
_ Pues… -lo meditó, tratando de ponerse serio-. Venga, por favor…

Y tomó mi mano derecha, entrelazando nuestros dedos, y provocando que su agarre me diera un revolcón en todo mi interior, me llevó hasta su auto, abriéndome la puerta del copiloto, yo sin replicar y conteniendo la sonrisa que amenazaba por salir de mis labios, me monté, el interior de ese auto me traía tan buenos recuerdos, estaba que moría del suspiro, cuando lo ví entrara frente al guía. Me puse el cinturón y el se puso el suyo, noté que una sonrisa se dibuja en sus labios cuando arrancó y a todo velocidad me sacó del territorio de la casa blanca.
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OMG. No imaginaba que a Edward le gustara tanto la velocidad, tal vez su forma de vestir le hacia recordar lo joven que era. Él había puesto una música instrumental, suave y aquello ayudó a que mi cuerpo y mi mente se relajaran. Me sentía tan bien a su lado, tan tranquila, que me asustaba. Él sentirlo a mi lado, el verlo a mi lado tan casual, me hizo olvidar quien era yo, y quien era él, parecíamos dos personas, común y corriente, y no se trata de que no lo fuéramos, si no, que era un espejismo de cómo fuera mi vida, si fuera una chica normal, sin los problemas que siempre me venían encima. No me di cuenta de que Edward se había estacionado, hasta que lo escuché hablar.

_ ¿No te gusta el lugar?... –dijo sacándome de mi ensismamiento-.

Miré a través del cristal y lo que vi me hizo abrir la boca en una “o” por el asombro.

_ ¿Estas bromeando?… -me giré para mirarlo a él y al ver que él miraba el lugar con una nota de entusiasmo en los ojos, me puse seria y lo miré con incredulidad-. Estas bromeando… -ahora no lo dije como pregunta si no como afirmación, él, quien miraba através del cristal delantero del auto, me miró y al ver mi cara de horror sonrió divertido-.
_ ¿Qué?...    
_ Edward… no se como se te ha ocurrido, pero “odio” estos lugares…

Dije bastante seria y noté que la sonrisa desapareció de sus labios.
_ ¿Qué tiene de malo?...

Yo lo miré casi histérica. ¿Es que era tonto?.
_ ¡Rayos Edward… esto es peligrosísimo!... ¡no entiendo como la gente le gusta este tipo de diversión, es mas tortura que otra cosa… ni muerta me subiría en una cosa de esas!...
Edward tiró una carcajada, 
mientras abría la puerta y salía del auto, yo seria y desde adentro, le vi dar la vuelta por delante al auto y abrirme la puerta para que saliera. Yo lo fulminé con la mirada.
_ Anda, preciosa… prometo que no te obligaré a subirte en nada… solo desmóntate y pasa un momento agradable… -dios, ¿Cómo podía suplicarme de esa manera…? Era un pecado negarme después de que me lo pidiera de esa forma, y naaaa. Solo me desmontaría y daría una vuelta-.

Entramos a la feria. Eran las seis de la tarde, por lo que estaba cayendo la noche. En el lugar habían muchas personas, que caminaban, Edward nos compró unos brazaletes “V. I. P.” (Privilegiados), con la finalidad de no hacer turno para los juegos. Le dije que estaba votando su dinero, porque no pensaba subirme en nada. Dimos vueltas, conociendo el lugar, nos divertimos viendo a las personas hacer malabares por sacarse jueguitos de aquellos, logró convencerme en subirme en los carritos chocones, no paraba de reír al ver que Edward golpeaba fuertemente mi auto sin dejarme mover. Accedí a subirme allí, porque sabía que nada catastrófico podía pasarme allí. Salimos de allí y Edward muerto de la risa me tomó de la mano, entrelazando nuestros dedos. Me sentía tan bien allí, compartiendo con él, que no me percataba de la hora. Fue cuando ví que se paró justo en la puertecilla de aquel monstruo, que lo miré con duda, mi mirada iba de aquella cosa a su cara, quien miraba maravillado aquel juego.

 _ ¿Por qué nos detenemos?... –le dije haciendo que él apartara su mirada del juego y me mirara con un brillo en los ojos que me hizo fruncir el seño-.
_ ¿Te subirías conmigo?...

Abrí los ojos como platos.
_ Por supuesto que no… -sentencié-.
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Estaba sentada en una sombrillita de aquellas, con las manos aferradas al tubo, de tal manera que mis nudillos estaban súper blancos. No solo estábamos subiendo y subiendo, si no que ni siquiera nos amarraban a algo, Edward a mi lado iba todo relajado y yo no le miraba, de hacerlo lo golpearía bastante fuerte. No movía ni un solo músculo, es que sentía, que si pestañaba, el maldito aparato se iba a caer. Estaba tan tensa, que me dolía el cuerpo. Escuché la carcajada de Edward a mi lado, y solo cerré fuertemente los ojos, el aire golpeaba mi rostro, mi pelo era removido por la suave brisa que llegaba, estaba tan frío, sabia que estaba demasiado alto y por eso preferí no abrir los ojos, sentí que Edward se acercó un poco a mí, ya que su pierna tocó la mía.
_ Bella… relájate, por favor… vas a salir de aquí, peor que como sale una persona cuando va por primera vez a un gimnasio…
_ No me pidas que me relaje… -dije entre dientes, susurrando, con temor de que si fuera a hablar alto la maquina se quebraría, escuché las carcajadas de Edward y quise matarlo-. ¿es que eres estúpido?... –dije molesta, pero entre dientes, susurrándolo, con cuidado, y apretando fuertemente mis ojos, ni muerta los abriría, no le dije a Edward que le tenía “pavorrrr” a las alturas-. ¿No sabes que esto está hecho por “hombres”?... hombres que pueden cometer errores… -dije con ganas de llorar, mi voz se quebró, dios no me dejes entrar en pánico, mucho menos a la altura en la que me encontraba-.

Sentí el susurro de Edward en mi oído.
_ Shhh, tranquila, mi amor… no debes de temer… -aunque mantuve mis ojos cerrados, ya no los apretaba, me había llamado “mi amor”, el continuó hablándome al oído-. Estoy contigo… no permitiría que nada malo te pasara… confía en mí… ¿lo harás?... –dijo y yo solo moví suavemente mi cabeza de abajo a arriba-. Pues demuéstramelo… demuéstrame que confías en mí… y abre suavemente tus ojos, anda, Isabella… -su voz aterciopelada estaba colando dentro de mis sentidos y sin darme cuenta me vi soltando el agarre de mis manos en el tubo-. Quiero que abras tus ojos y veas lo lindo que se ve la ciudad desde acá arriba… -tomó mi mano y la apartó del tubo entrelazando sus dedos con los míos, mientras que con la otra mano acariciaba mi palma-. Ábrelos… -me suplicó y yo lentamente fui abriendo los ojos, dejando salir un jadeo al ver la ciudad. La vista era maravillosa, estábamos tan altos, que podía ver (ya que estaba oscuro), las luces de la ciudad como si fueran estrellitas, dios, sonreí fascinada, mirando desde la altura lo hermoso que era todo.
_ Es hermoso… -dije en un susurro, y Edward contestó también en un susurro-.
_ No lo es, comparándolo contigo… -yo sonreí y giré mi rostro para mirarlo, la brisa batía nuestros cabellos, la poca iluminación lo hacia ver mas increíble que nunca, Edward sonrió mirándome a los ojos divertido-.

Soltó mis manos, para apartar el pelo que jugaba en mi cara.
_ Eres hermosa, Isabella… ven acá, por favor… -dijo mientras ponía su mano en mi nuca, y fue inclinando mi cabeza, mientras que con la otra mano trataba de controlar mi pelo, nuestros labios se unieron en un beso suave, corto, pero gratificante, sus labios, al tener contacto con los míos, se abrieron abarcando los míos, y mojándolos y dejándome sentir un dulce toque con la punta de su lengua, solo fue un beso. Un beso que me dejó con deseo de más. Pero no, él apartó sus labios, suavemente y me acercó a él, yo a ese punto, había superado mi pavor a las alturas, Edward levantó uno de sus brazos, colocándolos sobre mi hombro y haciendo que yo recostara mi cabeza de su pecho. Abrazados así nos quedamos sumidos en nuestros pensamientos, viendo la hermosa vista, que provocaban las grandiosas ideas y manos humanas… jijiji

Bajé tan relajada, que si Edward me hubiera propuesto que diéramos otra ronda lo hubiera complacido. Pero no, fuimos a parar frente a un carrito de perros calientes (hot dog). En el cual se encontraba un hombre preparándolos, hicimos una fila de tres personas, mientras yo asustada de enfermar, me retorcía las manos. Edward a mi lado solo sonreía. Al parecer, de niño, debió haber visitado mucho este lugar. Cuando llegamos a nuestro turno, pidió uno para cada uno. El señor preparó el primero y se lo pasó a Edward para preparar el otro. Edward me lo extendió a mí y yo lo miré con preocupación. Edward se acercó, colocándose frente a mí y colocando el hot-dog, cerca de mis labios.

_ Muerde… -ordenó-.
_ Edward… no es por mal, pero te juro, que mi estómago es súper delicado, voy a enfermar…
_ Muerde… -volvió a ordenar y no me quedó de otra que morder y… hummm, que rico estaba esa cosa, Edward comía sonriente al verme comer el segundo hot-dog-.

Salimos de allí y yo estaba tan llena que no quería ni caminar. Vimos una carpa de juegos. Y Edward sonriéndose me tomó de la mano llevándome hasta el mostrador. 

Reí enormemente, cuando vi a Edward pagar su jugada. El juego consistía en tirar una pelota y golpear un punto exacto, para ganar un enorme peluche.

_ Jajaja!... –reía a carcajadas, me sostenía la panza, de ver como Edward votaba su dinero en el octavo intento, aquello era gracioso, Edward al principio lo tomaba divertido, luego lo veía hacer una mueca en vez de una sonrisa, cuando fallaba y a la décima vez, ya yo no aguantaba la risa, noté que me fulminó con la mirada antes de tomar la pelota y lanzar con tanta fuerza, que la pelota chocó en el punto exacto y rebotó golpeando al encargado en un brazo y salir rumbo a Edward quien con una agilidad sorprendente se agachó, cruzándole esta por encima y perdiéndose entre las personas, yo estaba con la boca abierta en shock. La sonrisa se había borrado de mi rostro, El encargado decía un sin números de improperios, mientras tomaba el inmenso peluche y prácticamente se lo lanzaba a Edward, quien sonriéndose, lo tomó satisfecho y me lo pasó con una hermosa sonrisa en el rostro. Yo me morí el labio al ver lo enorme que era el peluche, era blanco y casi más grande que yo.

_ ¡Dios, es enorme!... -dije muerta de la risa, mientras trataba de abrazarlo, Edward río a carcajadas, mientras me indicaba con la cara que camináramos-.
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Llegamos a la casa blanca a las 9:00 pm. Llevé mi peluche entre brazos, y junto a Edward entramos al ascensor. Al llegar a la puerta de mi habitación. Nos miramos.

_ Gracias… -le dije mientras le sonreía-. Ha sido una tarde fantástica… me alegra que te hayas quedado…

Edward me sonrió.
_ Con tal de que no dejes de reír de esa manera…
Yo coloqué el peluche en el suelo y con impulso me tiré sobre, abrazándolo. 

Rodee su cuello y me pegué lo mas que pude a su cuerpo, Edward dejando salir un suspiro lentamente rodeo mi cintura con sus manos, entrelazando sus dedos justo en donde se terminaba mi columna vertebral. Dios, sentir su cuerpo adherido al mío, era increíble, era sensorial, si eso era con ropa, no quería imaginar que sería si… no lo pensé dos veces, y ya que tenia mi mano en la nuca, lo obligué a que uniera sus labios con los míos, y nos besamos, allí, en medio de mi pasillo, sin importarnos nada, ni nadie. Los labios de Edward, se amoldaban a los míos tan fácilmente, su dulce lengua danzaba con la mía, de manera tan delicada y a la vez tan profunda, dios, ese cosquilleo que despertaban los besos de Edward justo en mi entre pierna, iban a ser mi perdición, yo busqué la forma y así parados, tan pegados uno del otro, presioné con un poco de fuerza mi cadera a la suya, haciendo que Edward soltara un jadeo, dios, no era la única que sentía humedad en la entrepierna, el miembro de Edward estaba tan duro que yo quería mas de él. Pero al parecer él entendía que teníamos que parar, me dio suaves besos, hasta que lentamente se fue separando de mí.

_ Debes ir a descansar… -susurró él con la respiración agitada-.

Mi respiración también estaba muy agitada. Ambos lentamente fuimos abriendo los ojos, para mirarnos fijamente.  
_ ¿Te veo mañana?... –dije sin apartar mi mirada de sus hermosos ojos-.
_ Seguro… a primera hora…

Moví la cabeza positivamente, mientras me terminaba de apartar de él, me saboreé los labios, recolectando el sabor de los de él y me incliné a tomar mi peluche, Vi a Edward darme la espalda y caminar con sus manos, en sus bolsillos, rumbo al ascensor.

_ Edward… -dije y él frenó su caminar, girándose para mirarme con duda-.
_ No tienes que permanecer acá afuera todo el tiempo… no tomo peligro en la casa blanca… y te prometo que no saldré de ella si no es contigo…

Él me sonrió.
_ Que descanses… -dijo con una leve sonrisa-.
_ Igualmente…

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EY! AGRADECIMIENTO ESPECIAL PARA: SABI, CAMI, PRISGPE, VALE, ANTAREZ, y ALEJANDRA. GRACIAS POR SUS TAN LINDOS COMENTARIOS, SON IMPORTANTES PARA MI. BESOS Y ABRAZOS... A VER... ¿y este capi que les pareció, les gustó?... dejen sus comentarios y sus opiniones...